¿Qué hacer con el #Metoo?

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No hay que ver casualidades en la coincidencia del primer aniversario del movimiento #Metoo con su escalada hasta las entrañas del poder en Washington. El escándalo que tiene por estos días en suspenso la nominación de Brett Kavanagh, candidato del presidente Donald Trump para integrar el Tribunal Supremo por la denuncia de un abuso sexual cometido en su juventud, revela que la chispa que se prendió en Hollywood de denuncias frente al abuso y las agresiones sexuales ha desbordado con creces los contornos que le dieron origen. Un feminismo renovado generacionalmente, pero más fragmentado a su interior, viene expresando, en forma intermitente y en distintos lugares, una mezcla de impaciencia y hartazgo. ¿Cómo no si nos dicen desde el Foro Económico Mundial que, para la igualdad, faltarían cien años?

Frente a ello, los gobiernos no logran encontrar el tono. No es solo el de Estados Unidos. El de España, liderado por el socialista Pedro Sánchez, fue celebrado, entre otras cosas, por ser el que tiene más mujeres ministras del mundo. Recogía, de esa forma, la indignación contra "La Manada" y el espíritu de las marchas del 8 de Marzo. Sin embargo, por estos días han salido a la luz antiguas grabaciones donde la ministra de Justicia emite comentarios homófobos, así como alusiones a su descubrimiento, en un viaje a Colombia, de que jueces y fiscales españoles habrían frecuentado con menores en ese país.

En Chile, el gobierno de Sebastián Piñera reaccionó a los más de tres meses de movilizaciones feministas con una agenda de género de doce puntos. Al poco tiempo, nombró inexplicablemente una comisión sin mujeres para reformar el Código Penal, lo que lleva a preguntarse ¿en qué están en el Segundo Piso?

Si hay políticas públicas exigentes en estos tiempos, son las de igualdad de género. Requieren más que cuotas o maquinarias estatales en sentido convencional. Tomarlas en serio supone una combinación de financiamiento, coordinación, persistencia en el tiempo, visión multidimensional y espacio para la innovación.

Sobre el #Metoo, Mariám Martínez-Bascuñán señala, en El País, que "sería portador de un proyecto, el feminismo, que encara el futuro para conformarlo y no en clave defensiva, como lo vendrían siendo el liberalismo frente al embate populista, la UE ante el avance ultra o el multilateralismo de la ONU frente al proteccionismo". El optimismo que proyecta un hashtag en las redes elude sus tintes sombríos. Las voces de las mujeres, reclamando una credibilidad secularmente negada, desafían ese principio de inocencia que ha estado a la base de los ideales de justicia. De poder vernos ¿qué dirían de todo esto las primeras sufragistas?

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