Rebarajar el naipe



Por Juan Carvajal, periodista y ex director de la Secom

A ocho días de la próxima elección se puede afirmar que algunos derroteros están básicamente claros y que el resultado final del proceso debería confirmar cosas que ya se asoman como tendencia.

Entre éstas, que el fenómeno del populismo irrumpió en Chile con actores protagónicos que no trepidan en hacer promesas y en actuar sin otra consideración que no sea forzar demandas sin pensar en el futuro, ni en la estabilidad, ni en las condiciones de vida de la gente en la perspectiva del tiempo. También que hay una parte de la ciudadanía que se deja llevar por esas promesas y discursos encendidos, que aparentan interpretarla pero que, más bien, se sirven de sus dolores y legítimas demandas. Este es un factor que se ha fortalecido y que se presenta como una novedad masiva en un país que se caracterizaba por, al final del día, la búsqueda de lo razonable y del cambio con estabilidad.

También es claro que en el Congreso, un segmento no menor de representantes de Chile Vamos y de la oposición determinan sus posturas dependiendo del juicio ciudadano y que otros, por la misma razón, evitan defender con más fuerza y argumentos sus convicciones.

Por otra parte, la fragmentación que se vive en la oposición es francamente impresionante y es muy probable que se exprese en algunos de los resultados de la elección de constituyentes y gobernadores, con representaciones tan diversas que pudieran hacer mucho más compleja la conformación, desarrollo y marcha de la Convención Constitucional.

Aunque en el mundo de la política pareciera ser un lugar común escuchar que las tendencias definitivas se configurarán tras la múltiple elección, es muy evidente que el proceso de lectura y toma de decisiones sobre parte de esa realidad ya está en desarrollo, especialmente en lo que se refiere a las presidenciales.

Aun cuando la encuesta CEP dejó de ser para muchos el oráculo que creían ver, por no ser ahora una muestra presencial, con buena representación de las percepciones regionales y, más aún, porque inexplicablemente no contempló en sus preguntas el contexto electoral, igualmente entrega información que no se puede dejar de considerar. Como se sabe, un dato decisivo para la proyección de cualquier liderazgo es la valoración positiva v/s el rechazo en las percepciones de la opinión pública. Pues bien, eso aparece hoy como un escenario configurado en lo relativo a la contienda presidencial. Es cierto que la intención de voto es un elemento aún líquido. Pero en lo que se refiere a los liderazgos existentes, es escaso el tiempo para cambios más radicales dentro de las ofertas ya en carrera.

Cuando Chile ingrese de lleno a la lucha presidencial, todos los actuales actores estarán marcados por el nerviosismo de una campaña que comenzó hace mucho y que requerirá de recursos sobrehumanos para torcer el actual rumbo de las cosas. Será ese el momento en que se evaluará, en toda su dimensión, lo negativo que fue caer en la tentación populista. A lo mejor, la oposición debería tener en cuenta que en Chile Vamos, más allá de sus diferencias, buscarán un candidato único del sector. Esa es una posibilidad que la centroizquierda está obligada a explorar, recogiendo la experiencia histórica, que ha sido muy señera al respecto. Solo así se podrá aislar y derrotar al peor candidato: el populismo.

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