Reforma tributaria

Fachada Banco Central



Hace más de ocho meses que se presentó la reforma tributaria y ni siquiera se ha logrado el acuerdo político necesario para aprobar la idea de legislar sobre la materia. El tema es importante, dado que -como lo ha señalado el presidente del Banco Central- la incertidumbre al respecto afecta negativamente a la inversión y al crecimiento económico. Tampoco -como lo aseveró el presidente de la Sofofa- se trata de aprobar cualquier reforma, sino una que recaude lo necesario en forma justa y eficiente.

Entiendo que el gobierno se ha comprometido a no modificar la carga tributaria implícita en la anterior reforma, lo que debiera facilitar un acuerdo sobre este aspecto. Pero persisten diferencias importantes sobre la prioridad que se le debiera dar, ya sea a la inversión y al crecimiento, o a la redistribución de ingresos.

Lo anterior circunscribe, en la práctica, la discusión de fondo a la integración tributaria y sus consecuencias. Al respecto, a nuestro modo de ver, la integración tributaria es justa y eficiente. En efecto, ella tiende a gravar -en forma progresiva- al consumo, evitando la doble tributación sobre el ahorro que genera la tributación sobre los ingresos. Es además justa, en la medida que desincentiva tributariamente a los contribuyentes que extraen recursos de la economía (consumen) e incentiva a aquellos que ahorran y reinvierten, y junto con ello benefician a toda la sociedad. Es además un sistema especialmente potente para incentivar la inversión de las Pyme, dado que, en presencia de mercados de capitales imperfectos, la ausencia de tributación sobre los montos reinvertidos les proporciona los recursos financieros necesarios para invertir.

Sin embargo, el sistema integrado reduce en el corto y mediano plazo la tributación sobre los ingresos de las personas de alto patrimonio y, es cierto, los montos correspondientes pueden ser significativos. No obstante, esto no debiera ser un problema, dado que lo que importa es la progresividad de la acción fiscal en su conjunto, y ella se puede lograr con una política de gasto fiscal apropiada (que no incluye, por ejemplo, políticas como la gratuidad en la educación superior, que beneficia a familias de ingresos medios en vez de bajos).

En Chile, la integración tributaria existente entre 1984 y 2015 fomentó el ahorro y la inversión, sin perjuicio de la elusión tributaria existente. Es a la disminución de ésta última que están orientados los preceptos propuestos el martes recién pasado al ministro de Hacienda por un grupo de diputados de la oposición. Sin entrar a juzgarlos, pareciera que es en torno a la adopción de medidas antielusión específicas y efectivas que se puede llegar a un acuerdo duradero en materia tributaria, que incluya el mayor grado de integración posible a convenir.

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbase aquí.