Refundaciones inquietantes



Por Óscar Guillermo Garretón, economista

Observo el proceso de elección en la CC y repaso su actuar por varios meses. Me pregunto si será solución a la crisis nacional, o solo un episodio más de ella. Si van a dotarnos de una Constitución que merezca la pena, o solo viviremos otra anécdota de esa trillada experiencia latinoamericana de miserias humanas y borracheras refundacionales que han ido forjando en el tiempo el retraso relativo de nuestro continente.

America Latina ha vivido obnubilada con refundaciones políticas. Desde los sueños originarios de interminable fracaso en una “patria grande”, algo más de medio siglo atrás los de la guerrilla del “Che” hechos cenizas por un tenientillo boliviano, los hoy ya mustios de Fidel, Chávez y Ortega. Y en Chile, viviendo también revoluciones truncas ilusionadas en partir de cero. Aquella “en libertad” de Freí Montalva, luego desplazada por la de esa UP derrotada políticamente y aplastada militarmente, más tarde la refundación impuesta por Pinochet; ahora, la de las “fuerzas transformadoras” (la palabra revolución perdió glamour con tanto fracaso), donde también la imposición y la exclusión, esta vez a otros, parecen ser un sello.

Si miramos el mundo y su historia, las revoluciones exitosas y perdurables nacen del saber hacer y del sudor, no de la labia. Son evoluciones, no demoliciones. Nacen de construir realidades palpables, mientras otros esperan divagando en el andén, que el tren de la próxima refundación los lleve en coche dormitorio al paraíso.

¿Por qué lo digo? Todo indica que los desacuerdos en la elección convencional no son mero reflejo de ineptitudes personales, aunque los haya. La crítica apenas velada a la desviación “centrista” que mostraría el presidente electo, es inocultable en ese proceso. Ya no es solo la exigencia airada del PC de mantener un programa que por sus votos de primera vuelta presidencial demostró que no concitaba mayorías suficientes, o la reticencia a ampliar una alianza que Boric necesita para construir mayorías que reflejen en su amplitud lo que ganó en la presidencial y la parlamentaria. Ahora la Convención va dejando de ser el lugar para construir una nueva Constitución para todos los chilenos, en el intento por parte de su ala radicalizada de transformarla en trinchera refundacional, en pugna con el supuesto “centrismo” del futuro Presidente.

La oposición a él, al menos por ahora, proviene de quienes lo cuestionan desde su izquierda y parecen optar por la Convención como contrapeso de La Moneda futura. No dudo de los buenos propósitos y calidad de muchos convencionales, entre ellos, de sus nuevas autoridades máximas. Solo ocurre que la realidad les está imponiendo demostrar que son capaces de crear un buen proyecto de Constitución. Hoy arriesgan quedar atrapados en una disputa sorda de política contingente, inspirada una vez más en sueños refundacionales.

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