Refundar Carabineros

FOTO: HANS SCOTT / AGENCIAUNO



Reconozco que me cuesta participar en el debate sobre nuestra policía uniformada con objetividad, uno de mis hermanos -al que quise entrañablemente- llegó a dirigir esa institución y a través suyo conocí mucho de su sacrificio, de su cultura y también de sus limitaciones y carencias.

Hay dos tipos de personas que los menosprecian: una cierta elite de barrio alto, que los defiende políticamente, pero los mira socialmente para abajo y suele embestirlos con todo su estatus cuando un carabinero osa fiscalizarlos a ellos o a sus hijos; y luego está una categoría de “intelectuales”, casi siempre de izquierda, que son los que no escriben artículos, sino “papers” y que se solazan en sus errores, en su forma de hablar o en sus procedimientos.

Ahora se dice que es necesario refundarlos, tener una policía “democrática”, acorde con los tiempos, dejar atrás su “militarización”, someterlos a un verdadero control civil. En su momento, más o menos los mismos dieron argumentos equivalentes para terminar con el sistema electoral mayoritario y reemplazarlo por uno proporcional; o nos recetan otro régimen político que deje atrás nuestro presidencialismo “exacerbado” y, con aura de “padre fundador”, se preparan para escribir esa nueva constitución que nos convertirá en Nueva Zelanda, a lo menos.

Me temo que los que quieren refundar Carabineros, en realidad tienen un problema con la noción de autoridad, con el sentido de la ley y, por lo tanto, con su exigibilidad incluso coercitivamente; son los que, en el fondo, ven en las normas y su imperio una pérdida de libertad personal. El problema es que la policía está en la frontera del estado de derecho, a ellos les corresponde vigilar desde el cumplimiento de las normas más básicas de convivencia en el espacio público, hasta enfrentar a los narcotraficantes y sus organizaciones criminales. El roce entre policías y personas es inevitable.

Claro que podríamos tener una policía que no necesitara de la disciplina militar que tiene Carabineros, pero eso requeriría otro nivel de formación, especialmente del personal de nombramiento institucional, y para ello otro nivel de ingresos e incentivos en su carrera profesional. Probablemente ninguno de los intelectuales que dictan cátedra en los medios de comunicación aceptaría un trabajo de media jornada por la remuneración del General Director.

Nuestra policía uniformada necesita modernizarse, es obvio que se han cometido delitos muy graves, que el control del orden público es más complejo actualmente, pero esos y otros cambios requieren tiempo, recursos y experiencia. Nada de eso se puede improvisar, ni se logra destruyendo la moral de los policías, ni mucho menos persiguiéndolos ideologizadamente.

Necesitamos mejores carabineros, mejores políticos y ciudadanos. Pero, la verdad, no creo que sea en ese orden.

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