Retiro de fondos con cotización adicional



Por Nicolás Figueroa, profesor asociado Instituto de Economía UC

La pandemia nos hace ver muchas cosas, en particular la importancia del ahorro. A nivel macro, la disciplina fiscal le da a Chile posibilidades que otros países no tienen para enfrentar la crisis. A nivel de hogares, sin embargo, el endeudamiento nos juega una mala pasada a la hora de paliar los efectos del desempleo. Esto se ha hecho patente en los últimos días, con la propuesta de permitir que los cotizantes retiren el 10% de sus fondos previsionales para hacer frente a la crisis.

En Chile, los trabajadores cotizan (ahorran) sólo el 10% de sus ingresos, y la propuesta de incremento quedó en suspenso con la aparición del Covid-19. Esta tasa es insuficiente, por decir poco, dada la esperanza de vida actual, y las recomendaciones internacionales fluctúan en el rango 15-18%.

En estas circunstancias, permitir a las personas retirar un 10% de sus fondos parece una mala idea: sacar de una canasta ya insuficiente para cubrir necesidades urgentes hoy. Correctamente, muchos expertos se han manifestado contrarios, y se ha hablado de “desvestir un santo para vestir otro”. Sin embargo, ante una crisis de esta envergadura, incluso un modelo económico ortodoxo podría justificar este retiro, especialmente si la caída de ingresos actual es demasiado profunda y se prolonga más allá de unos meses.

Por supuesto, esto debiera ser compensado. Parece razonable ofrecer un retiro programado de hasta un 10%, compensado por una cotización adicional, que llegue al 15% del salario, hasta que se recuperen los fondos retirados. Si creemos que la economía se recuperará eventualmente (y ojalá lo creamos), esto cumplirá con el propósito de suavizar el consumo. Esto puede ser complementado, sobre todo para cotizantes de mayor edad, con un alza en la edad de jubilación, tal como ha propuesto Joseph Ramos. Siendo realistas, el costo fiscal no será cero. Algunas personas no volverán a cotizar, y dado el bajo monto de ahorro esto significará que el Estado deberá aumentar su contribución para alcanzar la pensión mínima.

Hay más objeciones, todas atendibles. Por ejemplo, que al momento de hacer la cotización adicional, los legisladores cederán y permitirán que no se cumpla. O que, al permitir este retiro por una vez, abrimos una puerta a que en el futuro se pueda volver a realizar, en circunstancias que no lo ameriten. Si bien razonables, son críticas que se pueden realizar a cualquier política que implique un mayor gasto hoy y un mayor ahorro mañana, que es lo que se necesita.

Es el momento de poner el ahorro en el centro de la discusión, y utilizar este doloroso paréntesis para aumentarlo. Esta política excepcional debiera ser sólo un primer paso para que converjamos a cotizaciones sostenibles en el tiempo, en el rango de las recomendaciones de organismos internacionales.

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