Rezagos en educación parvularia

Ministro de Educacion visita Jardín Infantil Parque de los Reyes

El elevado número de niños que aún debe asistir a jardines infantiles que no cuentan con la certificación respectiva contrasta con lo que se observa en el resto de los niveles educativos.


La Subsecretaría de Educación Parvularia informó sobre el avance que registra la certificación que la ley exige a los establecimientos que imparten dicho nivel educativo. Este proceso busca asegurar condiciones mínimas para la prestación del servicio educativo en materia de infraestructura, jurídico-administrativas y de calidad pedagógica. En el caso de los establecimientos pertenecientes a la red pública, la ley establece que éstos deben adquirir el reconocimiento oficial del Estado, mientras que los jardines privados deben obtener una autorización de funcionamiento. En ambos casos, el plazo era inicialmente agosto de 2019, pero por la imposibilidad de lograrlo, se extendió hasta diciembre de 2022.

De acuerdo a lo informado por la entidad, en el 34% de las comunas del país más de la mitad de los niños está asistiendo a establecimientos que no cuentan con la certificación correspondiente. Esta situación se observa con especial prevalencia en comunas del sector oriente de Santiago, en que predominan los jardines privados. Así, si bien aún faltan varios años para que se cumpla el plazo límite, esta situación da cuenta del retraso en que se encuentra la educación parvularia respecto a los demás niveles educativos, en los cuales al reconocimiento oficial del Estado es una exigencia muy básica, que ha ido siendo complementada con obligaciones adicionales que buscan elevar los estándares para la entrega del servicio educativo por encima del mínimo.

En el caso de la educación superior, por ejemplo, en 2018 se promulgó una ley que, entre otras cosas, establece que las instituciones deben, además del reconocimiento oficial, obtener la acreditación obligatoria. Y en la educación escolar, bien conocidas son las diversas reformas que han impuesto exigencias muy por sobre las condiciones básicas de operación, llegando a establecer requisitos respecto al desempeño en las evaluaciones que realiza la Agencia de Calidad.

Si bien no es necesariamente deseable que se avance tan lejos en materia de educación parvularia, estas diferencias dejan de manifiesto cuán postergado ha estado este nivel educativo en la discusión pública de los últimos años en comparación con los restantes. Prueba de ello es que mientras el presupuesto público para educación superior creció en más de un 90% entre 2014 y 2019, en educación parvularia el incremento no alcanzó siquiera el 50%.

Lo anterior es contraproducente si consideramos que es en la primera infancia donde se debiera poner el acento para reducir las desigualdades futuras. Teniendo en cuenta el retraso que existe en el cumplimiento de estándares mínimos para el funcionamiento de los jardines –en contraste con lo que ocurre en los demás niveles educativos- es claro que nuestro país ha equivocado las prioridades, lo que debe ser corregido. Si bien el gobierno presentó un proyecto de ley que crea una subvención para financiar loa jardines infantiles, lo que permitirá avanzar en ese sentido, lamentablemente éste ha avanzado con demasiada lentitud, más por motivos ideológicos que por razones de fondo.

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