Riesgosa propuesta de elección en dos días

Resulta desaconsejable que, restando tan poco tiempo para los comicios de abril, se empiecen a improvisar reformas que podrían generar efectos adversos.



El gobierno ha declarado su intención de presentar una reforma en los próximos días con el fin de que las próximas elecciones del 11 de abril -en que habrán de elegirse alcaldes, concejales, gobernadores regionales y constituyentes- se lleven a cabo en dos días -sábado y domingo-, con el fin de evitar aglomeraciones y fomentar la participación electoral, considerando que la emisión de cuatro votos demorará el tiempo que se tomará cada votante en sufragar.

La idea ha empezado a ser sensibilizada entre distintos actores, y ha despertado adhesiones, pero también reticencias. El propio Servicio Electoral ha manifestado su apoyo a esta iniciativa, señalando que el organismo está en condiciones de asegurar la custodia de los votos; desde el ámbito de las Fuerzas Armadas, también se ha hecho saber que el personal militar podría cumplir sin problemas con la misión de resguardar la seguridad de los locales de votación durante dos días.

Las estimaciones del gobierno indican que cada votante podría tardar en promedio cuatro minutos en completar el proceso de sufragio. Esto hace previsible que habrá congestión el día de la votación, lo que desde el punto de vista sanitario puede representar un riesgo para la salud. Sin embargo, al sopesar los pros y contra de esta decisión, los riesgos que implica un cambio de esta naturaleza sobrepasan los potenciales beneficios, y en tal sentido todo sugiere que se hace desaconsejable.

Es evidente que la responsabilidad de llegar a esta situación se debe a la escasa visión que tuvieron los legisladores al aprobar el actual calendario electoral, donde resultaba evidente que concentrar cuatro elecciones en un solo día -y cuando el votante deberá discriminar entre cientos de candidatos- constituye una sobrecarga para todo el sistema. En ese sentido, pueden entenderse las razones del gobierno para buscar descomprimir la jornada, pero ya parece ser tarde para una reforma de este tipo, cuando resta menos de un mes y medio para los comicios. El riesgo de que se puedan cometer errores o no se ponderen bien algunas variables es alto, y en el ambiente de descrédito generalizado en que hoy se encuentra el país, cualquier situación que pueda dar pie a que se pongan en duda los resultados o la confiabilidad del proceso podría llegar a ser muy riesgoso.

El gobierno no se hizo eco de la fórmula propuesta por algunas voces para hacer las elecciones en dos fines de semana, algo que podría haber incrementado sustancialmente los riesgos de menor participación electoral. Aun así, persisten una serie de inquietudes. No hay desde luego claridad de que las personas se distribuyan uniformemente a lo largo de dos días, por lo que el riesgo aglomeraciones sigue existiendo. Es también una incógnita la forma en que podrían responder los vocales de mesa, al tener que estar forzosamente dos días en estas labores. Y aun cuando el Servel y las Fuerzas Armadas han dado pruebas de haber actuado eficientemente a cargo de resguardar los procesos electorales, no puede desestimarse el efecto que podría generar si en algunos locales se extraviaran urnas o intentaran ser objeto de algún sabotaje.

Parece preferible que en el tiempo que resta se vayan tomando las medidas necesarias para dar tranquilidad a la población de que existirán suficientes resguardos sanitarios -en tal sentido, es una buena idea volver a contar con horarios diferenciados para la tercera edad-, e instruirla lo mejor posible para que los votos se puedan emitir de la forma más expedita posible.

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