Rojas Vade y la presidencial

FOTO :CRISTÓBAL ESCOBAR/AGENCIA UNO




El ya famoso Rojas Vade es el autor de una de las mayores imposturas que recuerda la República. No sólo por engañar o simular una enfermedad, asunto que se ha ocupado antes en política, sino porque -como hizo ver el periodista Óscar Contardo en una columna de este medio- defraudó la demanda ética del movimiento al que se sumó, y en especial al de los electores. Su impacto es mayor que otros casos que puedan buscarse en la historia de enfermedades falsas para provocar efectos políticos, por su propia impronta de ser contestatario a los últimos 30 años de vida política del país.

Los efectos en la Convención serán mayores de lo que creen varios. El apoyo sorpresivo que encontró en algunos integrantes de dicho organismo y su carta posterior donde retrocede y deja claro que no dará un paso al lado, será una mancha de petróleo en un mar que parecía limpio. La Convención había logrado, pese a las dificultades, acuerdos razonables respecto al reglamento e iba a entrar pronto a los temas de fondo.

La pregunta que no se ha hecho es si esta crisis afectará en algún grado la elección presidencial. Los candidatos hasta ahora no se han pronunciado sobre el tema, y la discusión sobre hijos, títulos o edades muestra que en este espacio no están todavía los temas de fondo, sino solo la hojarasca. Pero un hecho político de tal magnitud es imposible soslayar.

Aunque se evite, el traslape de tiempos entre la Convención y la elección presidencial hará que tengan más vasos comunicantes de lo que parece. Al futuro presidente le tocará organizar el plebiscito de salida, preparar la aplicación de los cambios legales necesarios con la nueva Constitución, y eventualmente discutir el aplazamiento de la entrega del texto definitivo. Más aún, las reformas políticas serán discutidas con un nuevo parlamento elegido y quizá con la segunda vuelta ya realizada. Habrá demasiadas miradas suspicaces sobre lo que establezca la Convención en materia de duración del período presidencial, unicameralidad o incluso normas transitorias en relación con los resultados electorales. Por ello es una pregunta cantada en debates su posición sobre este caso y el rumbo de la Convención en este escándalo.

Para casi todas las candidaturas es una oportunidad, toda vez que el falso enfermo de cáncer y su grupo político armaron su discurso en una crítica radical a la clase política. La mano de vuelta a quienes se sienten impolutos es un manjar para todos, con la excepción de Parisi. También para Boric tiene un sabor especial, pues ese grupo se ha dedicado a atacarlo cada vez que es posible, incluyendo amenazas e insultos de grueso calibre. La crisis de la Lista del Pueblo le permite de nuevo validar su decisión de firmar el acuerdo de noviembre.

Para la derecha la situación es una oportunidad de vincular a Rojas Vade con todo lo que huela a movimiento y a oposición. Puede asociar a farsa todo lo relacionado con el movimiento social, la Constituyente e incluso el plebiscito de octubre. El desprestigio que tendrá la Convención le puede permitir a José Antonio Kast reafirmar su camino del rechazo y fustigar la ambigüedad de Sichel en esta materia diciendo que el embaucador representa a todo el apruebo. Esto lo entendieron perfectamente varios en la Convención, más ligados al bloque FA-PS, y por eso no dudaron en marcar distancia. Pero las dubitativas declaraciones de la presidenta de la Convención, más los apoyos corporativos, podrían darles un punto a quienes fueron partidarios del Rechazo.

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