El rol clave que puede tener la Educación Financiera

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Foto: AgenciaUno



*Esta columna fue escrita junto a Andrés Otero PhD en Economía. University College London.

El Sistema de Pensiones chileno ha estado frecuentemente cuestionado por la opinión pública en los últimos años. A pesar de existir un relativo consenso de los efectos positivos del sistema en el desarrollo del mercado de capitales, su desempeño ha sido cuestionado ante la imposibilidad de obtener pensiones similares a los ingresos obtenidos durante la etapa laboral activa dado los bajos niveles de ahorro individual de los trabajadores.

Esta situación, que ha sido extensamente repetida y discutida, ha derivado en que diversas comisiones, comités, agrupaciones y asociaciones hayan propuesto numerosas reformas y modificaciones al sistema, los cuales en su mayoría no se han concretado. Lo anterior es una evidencia de la complejidad técnica y política de lograr consensos a la hora de realizar cambios en el sistema de ahorro de pensiones del país.

La mayoría de las propuestas realizadas se han enfocado en aumentar los niveles de ahorro, cerrar las brechas de género en la etapa de acumulación y desacumulación  y disminuir las desigualdades del mercado laboral que el sistema de ahorro perpetua a la etapa pasiva de los trabajadores. Sin embargo, un número menor de ellas, como por ejemplo la extensión de la licitación de cartera para antiguos afiliados, la creación de una AFP estatal o la desintegración vertical entre recaudación y administración de los fondos, se han enfocado en mejorar el nivel de competencia entre los diferentes agentes que participan como un mecanismo para aumentar las pensiones.

La Fiscalía Nacional Económica (FNE) realizó durante el año 2017 un estudio con el objeto de analizar los niveles de competencia en la industria de rentas vitalicias, en donde se concluye que, a pesar de observarse un nivel de concentración adecuado de la industria, la baja dispersión de precios dejaría espacio para una mayor competencia. Entre las hipótesis barajadas para explicar la baja dispersión se señala la poca comprensión del sistema de parte de los trabajadores, lo que sumado a la complejidad de la información al momento de tomar la decisión se traduciría en una manera inadecuada de analizar la información obtenida en el proceso de participación de SCOMP.

El estudio realizado por la FNE marca un buen punto de partida para motivar la creación de estudios que midan los niveles de competencia que tiene la industria de previsión, tanto en su etapa activa como pasiva. No obstante, es necesario poner especial énfasis en cómo la educación de los demandantes interactúa con los niveles de información que son puestos a su disposición: Es conocido que un bajo porcentaje de la población está al tanto de las comisiones cobradas por las AFPs. De esta forma, una mayor competitividad y transparencia en la información por parte de las AFP no generaría necesariamente un cambio de los trabajadores a las compañías más baratas. Por lo tanto, no bastaría sólo con la existencia de más y mejor información. La educación financiera es esencial para procesar esta información y elevar finalmente los niveles de competencia, lo cual debería verse finalmente reflejado en la etapa pasiva de los trabajadores y ser considerado para cuantificar la real magnitud de los potenciales beneficios de las políticas públicas que se basan en información.

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