Samuel Fernández

Samuel Fernández

Universidad Central

Opinión

Rusia y china en Venezuela

El Presidente ruso Vladimir Putin.

Es un hecho real, Rusia y China, dos de las más importantes potencias mundiales, están presentes en Venezuela, y más de lo que Estados Unidos o los países occidentales quisieran. Señalan como explicación, que tienen acuerdos vigentes desde hace años, cuando Chávez gobernaba, para contar con bases presenciales, proyectos varios, inversiones en petróleo y otras energías, brindar cooperación militar en equipos y suministros, llevar ayuda humanitaria, y préstamos generosos, y otros intereses. Igualmente argumentan que Maduro los ha activado en vista de la crisis generalizada, de la que culpa, precisamente, a Estados Unidos y los occidentales. Vale decir, como estos países ahora cuestionan su legitimidad, reconocen al Guaidó como Presidente Encargado, algunos han roto relaciones diplomáticas o las ha roto Maduro, y por sobre todo, critican la catástrofe actual, ha buscado apoyo en Estados que están fuera del circuito occidental. Es el caso de Turquía, Irán, y Siria, regímenes cuestionados y claramente no democráticos, y en especial, Rusia y China, igualmente criticados, pero como grandes potencias, éstas resultan poco efectivas, ya que ningún  país prescinde de ellos.

El aprovechamiento resulta evidente, y para ambas partes. Las potencias encuentran un nuevo lugar de penetración en una Región Latinoamericana que ha variado de signo ideológico, y donde las coincidencias políticas de antaño, tienden a diluirse, para centrarse de preferencia, en lo económico-comercial, y en las inversiones recíprocas, áreas en que las rusas y chinas siempre son prioritarias y bienvenidas. Una diversificación sumamente atrayente y que aumenta. Pese a los riesgos venezolanos, apuestan a beneficios no sólo monetarios, sino que estratégicos y de seguridad, en el mediano y largo plazo. Como ningún país de nuestra región, ni de Europa, ni menos Estados Unidos, estaría dispuesto a invertir nada en la Venezuela de Maduro, el campo ha quedado abierto a otros, y lo han aprovechado, sobre todo si el propio chavismo los invita, y  les da garantías de permanencia sin ninguna competencia seria a la vista. Total, el régimen pasará, tarde o temprano, pero dicha presencia ya estará consolidada y sería muy difícil expulsarla, siendo grandes potencias.

Un esquema que repite la pugna económica Este-Oeste y que no debería alertar a nadie. Sin embargo, no estamos sólo en presencia de una competencia comercial más, entre tantas, sino que se han añadido elementos diferenciadores de enorme importancia. La presencia en Venezuela de dichas potencias no es inocente, representa un nuevo punto de acción estratégica y militar, tal vez de alta sofisticación bélica, que empieza a desarrollarse en plena Sudamérica, a solicitud del anfitrión, y de alcances todavía vagos, pero de crecimiento garantizado a futuro. Un papel que hace recordar el que Cuba desempeñó en la década de los años sesenta, en plena Guerra Fría entre Estados Unidos y la antigua Unión Soviética. Cuba estaba a millas de Norteamérica y no resultaba aceptable, cualquiera fuera el costo. Aunque a Cuba le ha permitido permanecer sin cambios ni amenazas por sesenta años. ¿Por qué no repetirlo en Venezuela? Dónde bien conocemos que Cuba está muy presente y tiene enorme influencia, la que para muchos, detenta el verdadero poder actual.

Ni la situación internacional y ni siquiera los actores son los mismos, pero se busca crear similitudes. Una Rusia que no reniega de su propósito casi imperial que Putin encarna bien. Lo ha demostrado en Ucrania, con Crimea incluida, y en otros lugares, dado que sus relaciones con occidente no son fluidas, menos con los Estados Unidos de Trump, sus tramas internos, acusaciones múltiples, y por sobre todo, con la seguridad de que más allá de las declaraciones altisonantes, no hay evidencia alguna de que buscará una solución militar al drama venezolano. Peor aún, de tanto reiterar que todas las opciones están abiertas, más evidencia que no la utilizará.

Por parte de China, sin apuros y sin resonancia, prosigue su firme campaña de penetración económica, que su enorme tamaño y variedad de intereses, le resulta necesaria, y en vista de las restricciones norteamericanas, aunque todavía inciertas, difícilmente vuelvan a darse las condiciones de antes, cuando no existían. Su economía de libre comercio y libertades financieras, no se traducen en iguales libertades políticas. Por el contrario, éstas parecen cada vez más controladas y su líder cada vez más, busca consolidarlas y proyectarlas a futuro.

De ser así, estaríamos en presencia de un nuevo tipo de  Guerra Fría en territorio venezolano, menos evidente que la de hace décadas, pero no por ello menos efectiva. El régimen de Maduro sabe que no tendrá ninguna posibilidad de recuperación con el mundo occidental, a menos de que abandone el poder, ni volverá a ser aceptado permitiendo que continúe. El cerco internacional y su rechazo, aumentan ante el drama existente. Su supervivencia está en riesgo cierto, mientras prosiga el Grupo de Lima, la OEA, y la presión norteamericana. Menos peligroso le resulta el Grupo de Contacto, con el que puede negociar sin mayores concesiones. Tampoco le preocupa demasiado Naciones Unidas, o los órganos de Derechos Humanos, todavía indecisos. Su real problema está en que la situación interna se desborde, ante tanta ineptitud en los temas domésticos, como los alimentos, la salud, la electricidad y el agua, que siendo vitales, por ahora no lo amenazan suficientemente, mientras tenga el control de las armas, en manos del ejército, o la Guardia Nacional, y todavía cuente con muchos partidarios fanáticos.

Por ello busca los indispensables poyos en las potencias lejanas, que le dan otra dimensión a sus problemas, enmarcándolos en un contexto de pugna mundial, para mezclarlos con tantos otros que los dividen en diferente magnitud. Es una apuesta arriesgada, pues no es indispensable que Venezuela valga la pena como causa, para confrontar riesgosamente a las Grandes Potencias. Pero está claro que así lo pretende.

Por sobre el drama interno venezolano, se perfila un nuevo foco de conflicto mundial potencial, y esta vez en nuestra Sudamérica. Un enorme riesgo adicional que representa Venezuela, y que resulta imperioso seguir con mayor atención.

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