Sembrar dudas no ayuda al diálogo

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El ministro Gonzalo Blumel y la senadora Ximena Rincón (DC) ayer en La Moneda.


La última propuesta de la senadora Rincón sugiere eliminar las tablas de mortalidad. Esta propuesta es el extremo del populismo. El concepto de tablas de mortalidad es técnico y desconocido para la mayoría. Sin embargo, a la pregunta, ¿para qué hacer eso?, es fácil absorber la respuesta. Esto se haría para subir las pensiones. Respuesta que es atractiva para cualquiera, y más aún, hace a muchos dudar de cómo se han hecho las cosas hasta ahora. ¿Cuál es el afán de algunos políticos de confundir a la gente y crear falsas expectativas?

Las tablas de mortalidad son la base para el cálculo de las rentas vitalicias. Cualquier sistema de pensiones requiere del uso de estas tablas para examinar su estado financiero. Estas tablas no son teóricas, están basadas en la observación de mortalidad y/o sobrevivencia para la población chilena. Ellas indican que es posible que algunas personas sobrevivan hasta los 100, o más, pero con probabilidades cada vez más pequeñas. Esto significa que lo que se va reservando para pagar una pensión de 500 mil pesos a una edad de 100 es muchísimo menos que lo que se reserva para pagar esa misma pensión a los 70. El uso de estas tablas permite que los ahorros de todos alcancen para pagar las rentas vitalicias mientras las personas estén vivas. Las tablas de mortalidad se han ido actualizando y deben seguir actualizándose porque estamos viviendo más y más años. No se necesita tanto conocimiento técnico para entender que, si vivimos más, tenemos que estirar los ahorros por más tiempo o postergar la pensión. Ir postergando la edad mínima de pensión sería un avance mas conducente a lo que el país necesita, que darnos vuelta en alternativas de manejo de fondos y menos pretender que algunos no sobrevivián los 85 años.

Si de un día para otro, las compañías de seguro calcularan rentas vitalicias bajo el supuesto que las personas mueren antes de los 85 años, entregarían rentas vitalicias más altas que las que corresponderían en base a las tablas de mortalidad verdaderas. Esto porque ya no tendrían que reservar fondos para las personas que sobrevivieran a los 86 o más. Pero, no nos engañemos; un porcentaje significativo de personas sobrevive mas allá de los 85 años, y las compañías deben pagar estas rentas mientras estas personas estén vivas. Si no se reservan recursos para quienes sobreviven más años, las compañías de seguro se irían a la quiebra. Es algo que la Superintendencia de Valores y Seguros no podría permitir, sería una práctica irracional. También se habla de un seguro de longevidad. Pero la verdad es que este seguro ya lo tiene una persona que obtiene una renta vitalicia, que asegura una renta mientras estemos vivos. La pregunta que todos nos debemos hacer es cuál es la intención detrás de todo esto sino encontrar trucos para desarmar un sistema que es seguro y estable por uno que es confuso y no sostenible.

Es central cuidar los ahorros de quienes han hecho el esfuerzo, y cuidar los incentivos para las generaciones que tendrán que hacer su propio esfuerzo de ahorro.

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