Señales de alerta por caída en inversión

El fuerte retroceso en “construcción y otras obras”, según recientes datos del Banco Central, debe llamar a reflexión a las autoridades políticas y económicas sobre las razones de fondo que podrían estar detrás del fenómeno.



El Banco Central publicó la semana pasada el Informe de Cuentas Nacionales con los datos al tercer trimestre de 2020. La actividad agregada registró una caída de 9,1% en relación al mismo trimestre del año anterior y, pese a lo violenta, fue bien recibida por el mercado porque se moderó respecto al segundo cuarto, el que había registrado un descenso interanual de 14,5%. De hecho, al comparar el nivel del tercer trimestre en relación al segundo, el PIB registró un alza de 5,2% -usando la serie desestacionalizada- y, de paso, reveló que el peor momento en materia de actividad parece ir quedando atrás.

La demanda interna dio señales de moderar la caída al retroceder 11,4%, en contraste con el 20,6% registrado el segundo trimestre. El consumo privado, pese a seguir registrando un retroceso (cayó 8,8% en el tercer trimestre), disminuyó el ritmo de contracción. Destaca en particular el fuerte aumento que tuvo el consumo de bienes durables, el que registró un alza interanual de 24,3%, su mejor desempeño desde que existen cifras comparables. En contraste, el consumo de servicios mantuvo en el tercer trimestre una caída interanual abrupta de 19,1% (25% en el segundo trimestre). En el mejor desempeño relativo del consumo sin duda influyó el retiro del 10% de las AFP, que tuvo sus efectos más visibles en agosto y septiembre.

No obstante, las cifras de inversión reflejan un cuadro más preocupante. La formación bruta de capital fijo se contrajo en 18,5% a un ritmo similar que el segundo trimestre (-20,9%). El componente maquinarias y equipos tuvo un avance relativo (-5,6% en el tercer trimestre versus -27,7% en el segundo); sin embargo, su desempeño típicamente está asociado a reponer stock de capital para paliar los efectos de la depreciación. El otro componente, “construcción y otras obras”, que está más asociado a inversión de base, en el tercer trimestre registró una caída significativa de 26,1%, el peor desempeño desde que existen cifras comparables (2014).

Es difícil saber si este violento descenso de la inversión responde solo a factores coyunturales (pandemia) o tiene, además, un componente estructural. No cabe descartar que el sesgo populista que ha comenzado a permear la discusión legislativa -muy ajena a la estimulación de la inversión, así como del crecimiento- pueda estar ya incidiendo en las decisiones de los titulares de los proyectos de inversión. Por otro lado, el intenso proceso electoral que se avecina para nuestro país y la futura discusión en torno a los pilares constituyentes pueden ser también un foco de incertidumbre para algunos.

Las autoridades políticas y económicas del país tienen la responsabilidad de volver a hacer elegible al país ante los ojos de los inversionistas. Una economía de menor tamaño en el contexto internacional -como la chilena- y lejos de los grandes centros de consumo tiene que poseer, en términos relativos, condiciones más atractivas que su competencia directa para recibir flujos de inversión de base y dar garantías de confiabilidad sobre todo si se ubica en una región inestable en lo político y en lo económico.

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