Sentido de la comunidad

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SEÑOR DIRECTOR

Buena parte de quienes participan en el debate constitucional han promovido la idea de que lo que necesitamos para vivir mejor es transformar la institucionalidad política. Se argumenta que en la medida en que cambiemos la Constitución, le confiramos potestades más fuertes a los órganos del Estado para la satisfacción de necesidades públicas, entre otras cosas, nuestra vida comunitaria mejorará.

Esto no es necesariamente incorrecto. Sin embargo, este tipo de razonamientos suele olvidar un asunto crucial para la realización de toda comunidad política, que es el compromiso de sus habitantes. En efecto, la discusión constitucional ha puesto una confianza desmedida en las estructuras, al punto que pareciera que se busca encargarle el desafío de configurar la forma de vivir en común con independencia de cómo se comporten los ciudadanos.

Benedicto XVI decía -refutando ciertas ideologías-, que el bien de la sociedad se basa en los esfuerzos éticos de los hombres que la sostienen. Es verdad que hay ciertos cambios institucionales que hay que realizar (aunque es dudoso que una nueva Constitución sea el modo de hacerlo). Con todo, de nada servirán las reformas que se impulsen si cada uno de los que habitamos en esta comunidad política llamada Chile no nos esforzamos en conjunto por sacarla adelante, conscientes de que nuestras acciones sí tienen trascendencia pública. Pareciera, sin embargo, que en momentos en que urge rehabilitar precisamente la idea de comunidad, estamos profundizando el individualismo que tanto daño nos ha causado.

Cristóbal Aguilera Medina

Profesor de Derecho

Universidad Finis Terrae

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