Sergio Muñoz Riveros

Sergio Muñoz Riveros

Analista político

Opinión

Servidumbres del oportunismo

El ministro del Interior, Andrés Chadwick, junto al titular de la Segpres, Gonzalo Blumel, festejaron ayer en la Cámara la aprobación del proyecto sobre migración.

Fue muy pesada la herencia que recibió el gobierno de Piñera en el ámbito de Carabineros. Al asumir, hace 10 meses, eran evidentes los signos de una crisis moral y profesional (megafraude, operación Huracán, etc.), frente a la cual el gobierno anterior actuó con manifiesta desidia. El crimen de Catrillanca y las falsedades difundidas sobre los hechos por parte de algunos oficiales terminaron por desnudar la magnitud del deterioro de la principal institución policial. Las circunstancias habrían sido desestabilizadoras para cualquier gobierno, pero hay que reconocer que el actual no se extravió.

En ese contexto, no puede desconocerse el empeño del ministro Andrés Chadwick por llegar al fondo de lo ocurrido y apoyar la labor del Ministerio Público para establecer las responsabilidades penales. El gobierno no estuvo dispuesto a tapar nada y se arriesgó incluso a forzar un cambio generacional en la cúpula de Carabineros y a impulsar una profunda reforma policial. Pues bien, hay base para pensar que detrás de la ofensiva desatada contra Chadwick se movieron algunos de los desplazados de la institución.
Funcionales a esas maniobras fueron los partidos que se lanzaron a pedir la renuncia del ministro del Interior -en primer lugar, el PS y el PC-, a los que no les preocupó mayormente la posibilidad de favorecer los intereses de los exgenerales de Carabineros que buscaban desquitarse de Chadwick y, por extensión, del propio Presidente. O sea, partidismo ciego al servicio de una mala causa.

El propósito del PS y el PC es armar un bloque con el Frente Amplio para “golpear a la derecha”. Para ello, simplifican la realidad y levantan enemigos aborrecibles sobre los cuales concentran los odios más elementales. ¿Alguna inquietud por las consecuencias? Ninguna. Lo que cuenta es aprovechar cualquier oportunidad para ajusticiar mediáticamente a los adversarios. Las llamadas redes sociales son el instrumento de castigo.

A quienes creen que tales redes expresan la voz del pueblo, hay que recordarles que no cuesta mucho mover a unos 50 militantes disciplinados para generar un clima de “juicio popular”. Varios parlamentarios actúan en esa línea de agitación: es su manera de disimular que tienen poco o nada que decir sobre los asuntos que requieren estudio y reflexión. Son los representantes de la ignorancia activa y la liviandad demagógica.

Aunque hay parlamentarios opositores que no pierden de vista el interés nacional y la necesidad de establecer acuerdos que hagan progresar el país, su voz no se escucha en los momentos cruciales, porque son puestos a la defensiva por los expertos en bullying. Hace falta que esos parlamentarios no se dejen amedrentar. Tienen que defender el civismo y rechazar la irracionalidad. Deben ayudar a fortalecer la democracia, y lo primero es impedir que ésta se contagie irremediablemente con el virus del populismo.

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