Carlos Williamson

Carlos Williamson

Clapes UC

Opinión

Sistema de financiamiento solidario

El CAE fue diseñado en 2006 por el gobierno del expresidente Ricardo Lagos, y comenzó a funcionar en 2007. Hoy se discute un sistema que lo reemplace.

Hoy está en discusión en el Congreso el Sistema de Financiamiento Solidario (SFIS) en la educación superior, que reemplazaría al Crédito con Aval del Estado (CAE). Pero, ¿cómo se llegó al SFIS? Hasta 1981, la educación superior estaba reservada a la élite. Había solo ocho universidades, llamadas “tradicionales”, y accedían a ellas jóvenes de familias de altos ingresos procedentes de colegios particulares con altos puntajes en la antigua PAA. Estudiaban gratis, por lo tanto, era una fuente inagotable de inequidad.

Para aumentar la cobertura hacia los segmentos de ingresos medios y bajos, el gobierno militar permitió la creación de universidades privadas y dispuso el cobro de aranceles, creando al mismo tiempo un crédito universitario para financiar los estudios de quienes no podían pagar.

Pasarían 12 largos años antes de que se creara un nuevo instrumento crediticio y universal, el CAE, que abrió las compuertas para permitir un aumento sin precedentes de la cobertura hacia los sectores más pobres. A este crédito se sumó la gratuidad que entró en escena con la ley 21.091 aprobada a fines del 2017.

¿Por qué hay que crear un crédito como el SIFS? Primero, porque saca a la banca y reduce los costos fiscales del CAE, y porque crea una modalidad inexistente de recuperación con descuentos por planilla del empleado deudor del crédito fiscal, asignando a la Tesorería y al SII dicha tarea. Además, incrementa los montos a prestar por alumno, lo que reduce el copago familiar e, incluso, para los estudiantes sin gratuidad, cuyas familias pertenecen al 60% de menores ingresos, el copago es cero, ya que obliga a las instituciones a entregar créditos propios para cubrir eventuales brechas financieras.
Algunas universidades adscritas a la gratuidad se han quejado de que el SIFS ofrece mejores condiciones de crédito que el CAE, beneficiando a las instituciones que no se sumaron a la gratuidad. La crítica no es razonable. Desde luego, porque el SIFS también ayuda en dichas universidades a los estudiantes propios que no acceden a la gratuidad.

Así, el crédito SIFS debe evaluarse según sus méritos propios y no culparlo por los errores cometidos en el mal diseño del modelo de gratuidad.

Con todo, es importante que las instituciones que pueden acceder a este nuevo crédito estén dispuestas a participar. Ello no está garantizado, puesto que el SIFS obliga a las instituciones a ser avales del mayor aporte fiscal y a dar créditos propios, todo lo cual puede ser extraordinariamente oneroso. Esto debe analizarse con cuidado; no vaya a ser cosa que “el remedio sea peor que la enfermedad”.

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