María Paz Arzola

María Paz Arzola

Coordinadora Programa Social Libertad y Desarrollo

Opinión

Subvención Parvularia: una buena noticia


Tan pronto como la Ministra de Educación anunció el envío de un proyecto para crear una subvención por alumno para financiar la educación parvularia, aparecieron críticas desde la oposición. Lo cierto es que si todavía no se conoce el detalle de la iniciativa –que aún estaría siendo zanjada por el Gobierno-, los cuestionamientos más que por el trasfondo, parecen responder a los anticuerpos que el concepto de “subvención” o “subsidio a la demanda” provoca en dicho sector. En ese contexto, quisiera poner sobre la mesa algunos antecedentes que contribuyen a aclarar ciertos prejuicios errados al respecto.

Primero, en cuanto al mecanismo de subvención o subsidio a la demanda para financiar a educación, hay que decir que no se trata de un invento chileno; por ejemplo, la OCDE reporta que de 22 países con información, 9 lo utilizan en educación primaria y 7 en primaria y secundaria[i]. De hecho, tal como exponen Fontaine y Urzúa (2018)[ii], estos sistemas de financiamiento son cada vez más frecuentes en el mundo. La razón de ello es que éstos promueven una mayor diversidad de la oferta educativa yeficiencia en el gasto, y porque admiten libertad de elección para las familias, es decir, permiten que el Estado ponga a disposición de éstas los recursos para que elijan el establecimiento educacional de su preferencia.

La alternativaa dicho sistema, es que el Estado decida de antemano qué establecimientos financiar y que las familias que dependen de los recursos públicos deban dirigirse irremediablemente hacia éstos, aun cuando no sean de su gusto. Es lo que ocurre hoy en nuestro país con el financiamiento de los jardines infantiles: JUNJI e Integra administran una suma de recursos al año, que distribuyen de forma discrecional entre sus propios establecimientos. Este sistema ha llevado a altísimos costos administrativos y de operación, así como a una asignación de recursos inaceptablemente hermética y dispar (según si se trata de un proveedor propio o uno que opera vía convenio de transferencia de fondos). Tan poco transparente es este sistema, que más allá de las estimaciones que se pueden hacer a partir de la Ley de Presupuestos, no se conoce con exactitud cuánto reciben los establecimientos propios por cada niño que atienden.

En segundo lugar, quienes ven como un fin en sí mismo la existencia de una oferta educativa estatal potente, pueden estar tranquilos, pues ésta no es incompatible con el financiamiento vía subvención disponible también para el sector privado. Así lo muestra la experiencia de Estonia, donde 95% de las familias opta por escuelas estatales y municipales, aun pudiendo dirigirse a una privada. En el otro extremo, en países como Bélgica y Holanda la preferencia mayoritaria es por educación privada. En la medida que todos los establecimientos estén sometidos a las mismas reglas, independiente de su naturaleza, no hay motivos para esperar que el financiamiento vía subvención vaya a favorecer a algunos y a perjudicar a otros. En ese sentido, es fundamental que el proyecto del Gobierno efectivamente establezca las mismas condiciones de operación y exigencias para todos los jardines, y que vaya de la mano con el avance en la implementación del Sistema de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Parvularia.

Tercero, que el financiamiento sea vía subvención no implica que deba ser un monto parejo. De hecho, el diseño de la subvención es determinante para la equidad. Así, tal como ocurre en nuestro país a nivel escolar, lo deseable sería que se definieraun monto base por niño, el que varíeen función de diversas variables: el nivel socioeconómico de la familia, la existencia de necesidades educativas especiales, así como también ruralidad del establecimiento u otras características relevantes. De igual forma, para evitar problemas de cajadebido a una insuficiente escala, se puede considerar la entrega anticipada de una parte de los recursos, de manera de asegurar un piso mínimo que otorgue certeza para el funcionamiento.

En principio, me parece una buena noticia que se busque avanzar en un mecanismo transparente y objetivo para financiar la educación parvularia. Habrá que esperar a conocer los detalles de la propuesta para poder evaluar con rigor, pero por ahora no puedo sino aplaudir que se ponga el foco en este nivel educativo que, aunque resulta clave para el desarrollo cognitivo y socioemocional futuro, durante los últimos años fue postergado detrás de la educación superior.

[i] OCDE (2017). “School choice and school vouchers. An OECD perspective”.

[ii] Fontaine, A. y S. Urzúa (2018). Educación con Patines. Ediciones El Mercurio.

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