SEÑOR DIRECTOR

Una vez más nos enteramos de que el Teatro Municipal de Santiago vive una crisis financiera. Una más en las recurrentes crisis de la institución, donde los trabajadores son quienes pagan con bajas en sus remuneraciones o despidos. Imposible no solidarizar con ellos, especialmente con quienes han sido despedidos en estos días.

Pero el problema no es de gestión ni de reducción de personal. Más bien, estamos ante un fenómeno político y económico, donde el Estado sigue viendo gasto donde hay inversión.

El Teatro es una institución de carácter nacional y patrimonial, fundada en 1857. El Chile republicano de entonces tenía niveles de pobreza mucho mayores a los de hoy y niveles de educación mucho menores. El Teatro fue producto de una visión que entendía la importancia de esa inversión para el país. Hoy, sin embargo, siendo un país infinitamente más rico y educado, no pensamos en invertir sino solo en reestructurar bajando costos.

Esta forma de pensar el país y su cultura artística y patrimonial no da para más. El Teatro Municipal de Santiago atesora uno de los pocos cuerpos estables de excelencia que nos quedan. Eso requiere de un financiamiento que no se puede dejar al mercado del ticket o la buena voluntad de donaciones privadas.

Es necesaria una capitalización del Teatro Municipal, a cargo del erario nacional, que anule el lastre de financiamientos deficitarios y permita proyectar un futuro acorde a los desafíos actuales de masificación de audiencias, tecnologización de la producción escénica, formación de excelencia e inserción en un sistema nacional e internacional de las artes escénicas.

Sería muy grave mantener esta tendencia de convertir toda la oferta de nuestra infraestructura cultural en pasarelas de espectáculos, sin capacidad de generar contenidos propios.

Claudia Barattini

Ex ministra de Cultura

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