Ricardo Paredes

Ricardo Paredes

Duoc Uc

Opinión

Técnicos versus políticos

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Nuevos estudios sobre admisión escolar indican que el SAE sería el sistema que maximiza el número de postulantes a los que se les asigna el liceo preferido. Se trata de un argumento o “visión técnica”, a la que innecesariamente se le ha confrontado a “la visión política”. Ésta, liderada por la ministra de Educación, mostrándose junto a padres frustrados porque sus hijos no fueron seleccionados en su preferencia, proponen un cambio de sistema.

Una primera mirada parece favorecer la visión técnica; siendo los cupos fijos, un nuevo sistema que satisfaga a las familias hoy frustradas, desplazaría a otras satisfechas y por ende, el número de frustradas no cambiaría. Sin embargo, una segunda mirada, sugiere que detrás de la visión política existe un fundamento técnico, que el debate debe atender seriamente.

Supongamos que hay un solo cupo para un liceo muy demandado y que dos familias que lo ponen en su primera prioridad, disputan el cupo. El algoritmo de selección sugiere que quien quede da igual, pero ello no debiera ser así. La familia 1 se informó de la metodología de enseñanza del liceo, preparó a su hija, se las jugó en la básica y se cambió de barrio para lograr su propósito. La segunda opción para esta familia está “muy lejos” de la primera y no lograr la primera opción les parecería inmerecido y frustrante.

Mientras, la familia 2 también postuló a su hija al mismo Liceo en primera preferencia porque escucharon que era bueno, pero no se informaron de su metodología. De hecho, consideran que la segunda alternativa a ese liceo no es significativamente peor. Más aún, aunque se trata de su primera opción, sospechan que es un liceo muy exigente y que su hija pudiera no adaptarse tan bien y que si bien la enseñanza en el otro liceo parece ser inferior, es completamente razonable para el carácter de su hija.
El SAE no es tan inteligente como para distinguir entre estas dos familias. No considera que la familia 1 valora sustancialmente más el liceo que la familia 2. Si lo supiera, aceptaría a la alumna de la primera familia y la frustración de la segunda sería limitada.

No hay información objetiva de la intensidad de las preferencias para alimentar el algoritmo, pero ellas se relacionan con la preparación previa y la dedicación de los padres y ambas con las notas. Por ello, introducir en el SAE las notas y otras variables como la cercanía y los hermanos en el liceo pudiera “desordenar las preferencias”, y aun así ser técnicamente eficiente.

Finalmente, si los liceos tienen distinta exigencia y la posibilidad de superarla depende de la preparación previa, entonces introducir notas en el SAE refuerza el argumento. Así, la discusión entre técnicos y políticos no tiene mucho sentido, en especial porque ni técnicos ni políticos se han superado en proveer evidencia.

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