Tercer golpe a la institucionalidad

FOTO: DEDVI MISSENE



SEÑOR DIRECTOR

La aprobación de un tercer retiro de los fondos AFP condensa en un solo acto lo mal que funciona la conducción del país. Prácticamente todos los agentes políticos están conscientes de que se trata de una decisión que afecta negativamente el futuro de la población. Los expertos -técnicos, académicos, alta burocracia- concuerdan; la califican como pésima, infundada, injustificada, torpe, destemplada. La mayoría de los diputados reconoce, además, que esta decisión infringe la Constitución y que, para aprobarla, se emplea una reforma constitucional transitoria, artilugio ya repudiado por el Tribunal Constitucional. Para sortear este obstáculo, dicha mayoría intentó incluso aprobar una reforma permanente de la Constitución, un paso más hacia un parlamentarismo díscolo o de fronda, a pocos meses de iniciarse la discusión de una nueva Constitución. El gobierno se ha visto sobrepasado largamente; no logra siquiera una mínima coherencia de sus propias bancadas y partidos. Actúa tarde y desaprensivamente; comunica débil y confusamente. Del Senado nadie espera mucho ya; dejó de ser un contrapeso reflexivo del tipo cámara alta. Por último, las y los candidatos presidenciales, con raras excepciones, han animado el coro de esta nociva política.

Además, este elenco de actores e instancias goza de escasa confianza pública y no parece percatarse que, por la vía de la mala política elegida, deteriora todavía más la institucionalidad que lo sostiene. Finalmente, esta cadena de desacertadas y nocivas actuaciones conduce a un resultado perverso. ¿Cuál es? Obligar a las personas a usar sus propios recursos -el precario sostén de su futuro- para compensar las insuficiencias del socorro público en la presente emergencia. Es una expresión patente del refrán que dice: “cada quien se rasca con sus propias uñas”; o sea, debe valerse por sí mismo. Solo ayer este dicho encarnaba un abyecto principio neoliberal; hoy es compartido a lo largo y ancho de nuestra declinante clase política.

José Joaquín Brunner

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