Pablo Allard

Pablo Allard

Arquitecto urbanista

Opinión

To COP or not to COP?

La COP24 se realizó en Katowice, Polonia.

Polémica ha causado la Conferencia Mundial de Cambio Climático de las Naciones Unidas COP25, que se realizará en Santiago en diciembre. Lo que era considerado un honor sobrevino en un problema, dado que aparentemente no habría recintos feriales disponibles para albergar a los miles de asistentes. La ministra de Medio Ambiente Carolina Schmidt intentó postergarla, y ante la negativa de la ONU ha tenido que acelerar el tranco, consiguiendo al menos la aprobación del Congreso de cerca de la mitad de los 60 millones de dólares que se requerirán.

En esta oportunidad, y pese a la complejidad y proximidad del desafío, debemos apoyar a las autoridades para que la COP25 sea un éxito. Primero, buscando alternativas innovadoras que reemplacen los recintos tradicionales. Tratándose de una conferencia basada en los principios del desarrollo sustentable, podríamos adaptar infraestructuras existentes como el pronto a terminarse gran auditorio del GAM, el Parque Cerrillos o el Parque O’Higgins, con estructuras temporales y materiales reciclables. El clima de diciembre sin duda ayudaría, y se podría incluso trabajar estratégicamente para que parte de la inversión en las instalaciones base sea compatible con otros usos próximos, como los Panamericanos del 2023.

Superado este desafío, lejos lo más importante de la sede es predicar con el ejemplo y comprometernos con asumir el liderazgo regional ante el cambio climático. Así como la expresidenta Bachelet marcó un hito en la materia, logrando que el 45% de la electricidad generada en Chile sea de origen renovable, y se establecieran más de 146 millones de hectáreas de conservación de mar y tierra, ahora es el turno del Presidente Piñera de consolidar este compromiso e ir más allá. Un estudio reciente de Generadoras de Chile calcula que al 2030 el 75% de nuestra energía eléctrica podría ser renovable, y si nos ponemos ambiciosos, podríamos incluso comprometernos con descarbonizar nuestra matriz energética al 2050. Ya hemos visto algunas señales promisorias con los cerca de 200 buses eléctricos incorporados al Transantiago, pero si esto viene acompañado de políticas radicales de reemplazo de la leña y otras fuentes fijas en ciudades críticas como Coyhaique, subsidios para combatir la pobreza energética, y programas piloto de comunidades carbono-neutral, sin duda estaremos a la altura de las expectativas.
Una idea que propongo como desafío, y que haría historia, es comprometerse a que en los próximos cinco años Rapa Nui se convierta en la primera comunidad carbono-neutral del mundo. Su condición de ecosistema aislado y cerrado, su tamaño y población, sumado al estrés al que está sometido su valioso y único patrimonio natural y cultural ameritan el esfuerzo. Si avanzamos en compromisos concretos como éstos, la COP25 dejará un legado de descarbonización de nuestra economía y conservación ambiental para el país y el mundo, que capitalizarán la visión, el compromiso y la conciencia de las iniciativas públicas y privadas en un país que podría hacer del cambio climático el eje de su salto al desarrollo.

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