Toque de queda

FOTO:MAURICIO MENDEZ/AGENCIAUNO




Una de las funciones fundamentales de la Constitución es la creación del Estado. Ella determina su organización política, le da forma al Estado, al gobierno y al sistema político. El monopolio de la fuerza en manos del Estado vuelve vulnerable a los ciudadanos ante la eventual emergencia de un Leviatán. De ahí que otra tarea fundamental de la Constitución sea limitar estrictamente el uso de la fuerza por parte del Estado para proteger las libertades y los derechos de los ciudadanos.

Vivimos tiempos excepcionales. Producto de las medidas sanitarias de mitigación o contención de la pandemia, nuestros derechos fundamentales se han visto en parte suspendidos. El confinamiento ha sido una de las principales medidas para combatir el virus en un contexto donde aún no contamos con una vacuna ni con un tratamiento efectivo para el Covid-19. Pero para hacer obligatorio el confinamiento, el Estado necesita poderes extraordinarios que le permitan suspender derechos individuales fundamentales, de ahí la necesidad de declarar estado de excepción. Estas medidas coercitivas han sido tomadas por la gran mayoría de los países. Chile no ha sido una anomalía. Nosotros cumplimos el 18 de septiembre seis meses en estado de excepción constitucional de catástrofe. Las cuarentenas, el toque de queda, el cierre de fronteras, la prohibición de viajes interregionales, la suspensión de las clases presenciales han sido algunas de las medidas implementadas con un alto costo económico y social. Pero basta mirar las cifras de contagiados y de muertos a nivel planetario y local para entender la gravedad de las circunstancias. Como nunca antes hemos experimentado al otro como límite de nuestra libertad individual.

Sin embargo, hay medidas que resultan incomprensibles. Restringir el libre tránsito de noche tiene sentido sanitario en la medida en que el libre tránsito resulte una amenaza. Si una comuna está en cuarentena y tiene el libre tránsito de día restringido, entonces el toque de queda tiene sentido en dicha comuna. Pero ¿qué sentido tiene establecer toque de queda en un lugar que jamás ha estado en cuarentena? ¿Por qué se restringe el libre tránsito de noche, si en el día está permitido? ¿Por qué no se puede salir a caminar de noche, cuando hay menos personas en las calles y, por ende, menos posibilidad de contagio? Hay comunas que no han tenido casos de Covid-19, ¿por qué sus habitantes no pueden transitar libremente de noche? ¿O acaso el virus se comporta distinto de día que de noche?

Desde un punto de vista sanitario, no se observan razones para tener medidas de distanciamiento social o confinamiento distintas en el día que en la noche. Algunos argumentan la necesidad de mantener el toque de queda para evitar conductas irresponsables. Pero, ¿es acaso esto legítimo? ¿Tiene el Estado derecho a coartar los derechos de todos los ciudadanos por la eventual irresponsabilidad de algunos? ¿No es acaso este mismo argumento el que utilizan los estados totalitarios?

Es imposible no pensar en la arbitrariedad de una medida que restringe derechos fundamentales, independientemente del contexto del lugar. A seis meses de la declaración de estado de emergencia, me pregunto dónde están los liberales, dónde quedó nuestro espíritu crítico para juzgar en cada caso la pertinencia de la restricción a nuestras libertades o al menos para exigir al gobierno una justificación racional a cada una de ellas. En un escenario optimista, lo más probable es que el próximo año debamos seguir conviviendo con el virus sin vacuna, en un escenario más realista es probable que dicha convivencia se extienda por más años. Llegó la hora de ponerse a pensar en serio cómo queremos seguir viviendo.

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