Tres años no son más que un verano

catrillanca

Foto: Agenciauno



Tiembla Chile y esta vez no fue un terremoto. Es el berreo de un toro torturado, humillado y vilipendiado hasta el cansancio. El pueblo chileno se convirtió en un toro que corre de norte a sur bramando de dolor, rabia, miedo, quejas, inseguridad y un conjunto de otros sentimientos que se fueron acumulándose de generación en generación.

La clase política no ha dado el ancho, no pueden si no sienten ni entienden que abruma a todo el país, de ahí las absurdas bromas de un par de payasos que se fueron del Gabinete (esos que hablaban de que bajaron el precio de las flores, que fuésemos a hacer vida social a los hospitales o que se levantasen más temprano para ir al metro), las pataletas e irresponsabilidades de la oposición (como cuando algunos pidieron que todos renunciaran sin asumir sus responsabilidad en esta revolución), la declaración de guerra del Presidente, la acción de oportunistas delincuentes y la violencia policial, han llevado a que las propuestas que van anunciado semana a semana se sientan cada vez más vaciás e insuficientes mientras que el bramido del toro se hace cada vez más fuerte y ensordecedor.

En el marco de esta escalada del conflicto, para hoy están anunciadas una serie de manifestaciones en diferentes ciudades de Chile y el mundo, en apoyo y en conmemoración del primer aniversario del asesinato que afecto al peñi Camilo Catrillanca en medio de un operativo de Carabineros en las cercanías de Temucuicui, Ercilla. Un crimen que se intento negar por parte de Carabineros, que se sumo a la muerte otros jóvenes mapuche en operativos de Carabineros tal como ocurrió con Alex Lemun en el 2002, Matías Catrileo en el 2008, José Mendoza Collio en el año 2009 y tantos otros que todavía no tienen justicia. Por el caso Catrillanca renunciaron dos Generales Directores y otras decenas de generales de Carabineros, hoy existen ocho imputados por su eventual responsabilidad y desde ese en entonces, se derrumbo toda la política indígena del Gobierno de Sebastián Piñera. Al respecto cabe preguntarse, que si por la muerte de un mapuche se fueron una decena de generales de Carabineros, ¿cuántos otros generales serán destituidos por todas las muertes, heridos y violaciones a los Derechos Humanos que llevan tan solo en este mes?

Pero también hoy es un momento especial, en este mes de movilizaciones sociales una de las banderas mapuche ha sido utilizada masivamente en las protestas sociales como un símbolo de rebeldía y solidaridad. Quizás es la forma que tienen algunos chilenos de decirnos: les creemos, nos arrepentimos y los apoyamos. Sobre este tema, varios se preguntan sorprendidos: ¿Por qué entre comillas la Araucanía está tan tranquila? ¿qué pasa con el pueblo mapuche? ¿están en contra o a favor de las movilizaciones? Honestamente no creo que exista una sola respuesta correcta, pero quizás tenga que ver con nuestra diferente concepción del tiempo. Mientras que para la mayoría de los políticos y la bolsa chilena un mes una eternidad, para los mapuche tres años no son más que un verano. La mayoría tenemos conciencia de que nuestra historia con los españoles fueron más de 300 años en la Colonia, de los cuales a lo menos 100 años fueron de guerras y 200 años de negociaciones, mediaciones y firma de más de 70 parlamentos de paz. Por otro lado la historia con Chile tiene recién 138 años, una treintena de tratados y otras décadas de negación. Lo anterior le ha dado al pueblo mapuche el tiempo suficiente para hacer una catarsis, vivir sus emociones, descubrir sus necesidades, determinar sus demandas sociales e iniciar camino de reclamación. A diferencia de un par de alarmistas intelectuales, los mapuche somos conscientes de que siempre se puede retomar la senda del diálogo y la negociación, fresca esta en nuestra memoria la quema de las siete ciudades al sur del Bio Bio, la muerte de dos Gobernadores Españoles y miles de mapuche asesinados que precedieron al Tratado de Quillin de 1641 que dio inicio a una larga tradición de tratados de paz.

Hoy Chile fue el que despertó y esta gritando todo su dolor. El Estado chileno puede negarlo, condenarlos y matarlos como ha hecho por décadas con los mapuche o puede de una vez por todas asumir que existe un problema de fondo que requiere profundas transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales en nuestro país. Si siguen creyendo que solo porque el Gobierno y la Oposición se pongan de acuerdo el resto del país va a estar de acuerdo con ellos, muy probablemente la violencia se mantenga por unos cuantos años, que sobrevenga a Piñera y que incluso a futuro, de existir una mayor cesantía, escasez, hambre y miedo, vengan nuevas olas de crisis sociales.

Todos queremos que termine la violencia, la angustia y la inseguridad. Pero eso no ocurrirá si sólo se reprime la delincuencia, también deben transformarse las causas estructurales de este conflicto social. Partiendo, porque los políticos dejen de vernos como meros like de una red social, votos de una elección o puntos de aprobación de la una encuesta de opinión, deben dejar de considerarnos simples consumidores o peones que les deben decir que sí al patrón. Aunque tengan el apellido y la fortuna de sus abuelos, la Hacienda se acabo. Hoy los chilenos perdieron el miedo, son conscientes y reclaman el respeto por sus derechos humanos. No quieren todo gratis, quieren un mínimo de dignidad.

Hoy nadie sabe a ciencia cierta que ocurrirá en los próximos meses, no se puede dar una receta mágica que resuelva todos los conflictos ni mucho menos pretender que todo siga igual que hace unas semanas. Si podemos comprometernos a colaborar en la creación de las condiciones para generar diálogos transversales y honestos entre el gobierno y la oposición, entre el pueblo chileno y su clase política, entre los chilenos y los diferentes pueblos indígenas que nos permitan salir de esta actual crisis social y política.

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