Opinión

Triunfo del uribismo en Colombia


Si el próximo 20 de julio, cuando se instale el próximo Congreso colombiano, el expresidente Álvaro Uribe es elegido presidente del Senado, será él quien el 7 de agosto próximo le ponga la banda presidencial al actual presidente electo de ese país, Iván Duque. Un hecho que más allá de lo anecdótico resulta sintomático, porque el gran ganador de los comicios del domingo pasado fue precisamente el exmandatario. Fue Uribe quien catapultó al exsenador de Centro Democrático a la Casa de Nariño y será indudablemente él, la voz más escuchada al interior del próximo gobierno.

Con su triunfo, Duque -quien se convertirá en el segundo presidente más joven de la historia de Colombia, con 41 años- no sólo confirma el descontento de un sector de la sociedad colombiana con el rumbo seguido por el país, sino que evidencia sin sombra de duda cómo el expresidente se ha convertido en la figura política más influyente de los últimos 15 años en dicho país.

Pero más allá de que los principales analistas colombianos coinciden que el domingo no sólo ganó Duque sino que principalmente triunfó el uribismo, lo cierto es que será el futuro mandatario la cara visible de esta nueva etapa que se inicia en ese país. Un periodo que como lo dejó claro el propio Duque, estará marcado por la revisión de los acuerdos de paz que sellaron el fin de más de 50 años de conflicto en Colombia. Los más de 10 millones de votos que logró el candidato del Centro Democrático esconden un evidente llamado a adoptar medidas para corregir la deuda de justicia y reparación que dejó el acuerdo de paz firmado entre el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos y las Farc en 2016. El camino para lograrlo no será fácil, pero es evidente que si no existe un consenso amplio dentro de toda la sociedad sobre lo pactado, la solidez de esos compromisos estará siempre en cuestión y en nada contribuirá a pasar definitivamente la página de ese difícil período. Por ello, más allá de las dificultades, no hay duda de que es necesario emprender ese desafío.

Como dijo el propio Duque en su primer discurso tras ser elegido, “la paz es un anhelo de todos los colombianos”, pero “esa paz que añoramos (…) requiere correcciones”. Un objetivo que, como agregó el mandatario electo, debe lograrse a través de acuerdos. Pero si bien en una sociedad polarizada como la que recibe Duque -y donde se prevé una dura oposición- es importante potenciar los espacios de diálogo, es necesario, también, no olvidar el reclamo de quienes a través de su voto pidieron enmendar el rumbo. Las distintas fuerzas políticas no pueden condicionar ese llamado y deben asumir responsablemente este nuevo escenario, que además de los ajustes a los acuerdos de paz, incluye un pedido de la ciudadanía por mayor seguridad y un reimpulso de una economía que aún está lejos de lograr todo su potencial. En este último punto, la apuesta de Duque parece ir en la dirección correcta con un plan para potenciar el emprendimiento y reducir la carga tributaria, reactivando así una economía que en 2017 sólo creció 1,8%.

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