Trump y Putin se aceptan mutuamente

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El Presidente ruso, Vladimir Putin, y su homólogo estadounidense, Donald Trump, en la conferencia del lunes en Helsinki.



Otra cumbre inesperada y polémica, luego de largo tiempo de desencuentros y acusaciones reciprocas. Como se ha afirmado y con razón, más efectismo que resultados concretos. Tal vez todo resida en las dos horas de conversación privada que sostuvieron a solas y sin asesores, hermética y sin comunicados oficiales ni trascendidos; lo que la hace sospechosamente similar a lo evidenciado en la conferencia de prensa que vino a continuación, la que aportó más dudas todavía sobre los verdaderos alcances de la reunión de ambos Presidentes.

En el caso de Putin, no habrá cambios decisivos en lo interno. Luego de casi veinte años de dirigir a Rusia, no corre riesgo alguno de ser cuestionado, ni sus acciones serán motivo de un debilitamiento del control que ejerce, o que pudiere reflejarse en algún recambio institucional. Nada lo perjudica y todo, por el contrario, parece robustecerlo y afianzarlo, desde el momento que no aseguró concesiones. Le bastó con negar algunas de las pesadas acusaciones de intervencionismo electoral en Estados Unidos y de asegurar que no lo hará en el futuro, para salir indemne, aunque nadie podría asegurar que ha sido veraz y que de buena fe cumplirá tal promesa. Aparece como el gran beneficiado.

Por su parte, Trump queda en una situación opuesta, debilitado, confuso y pleno de críticas, tanto de sus tradicionales adversarios demócratas, que nada le perdonan, sino que también de algunos de sus propios partidarios republicanos, que han elevado el nivel de las descalificaciones. Deberá rendir cuentas y evidenciar sus logros, si los hubo realmente, o solo se trató de un nuevo encuentro entre rivales tradicionales, -muy al estilo con Kim Jong-Un-, para que todo siga casi igual que antes. Las contradicciones entre lo dicho a los medios al término del encuentro y lo asegurado al regresar, han demostrado que no impuso posiciones ni obtuvo compromisos comprobables y permanentes. Ciertamente habrá consecuencias políticas internas, las que podrían evidenciarse en las elecciones de noviembre o en otras iniciativas parlamentarias que no dejarán pasar la oportunidad que se les presenta. Queda como el perjudicado y hasta probablemente engañado.

Se ha resaltado, además, el escándalo por la credibilidad de los servicios de inteligencia norteamericanos, los que Trump ha desacreditado, aunque intentara corregir tamaña afirmación. Todo indica que les pasó la cuenta en su pugna personal con ellos, sin dimensionar el perjuicio infringido a quienes corresponde buena parte de la seguridad del país. Parece difícil que este incordio quede enteramente superado, por más explicaciones lingüísticas que invoque. El daño ya está hecho, y le pesará a futuro. Requerirá de esfuerzos adicionales para recobrar la confianza. Putin seguramente está más que satisfecho con este episodio, pues en la permanente competencia de las acciones de inteligencia, tan apreciada por los rusos, el Presidente Norteamericano descalifica los propios, sin siquiera ser un objetivo de Putin. Un verdadero autogol, si lo relacionamos con el reciente campeonato que Putin viene de clausurar, o un regalo para el espionaje ruso.   

Debemos señalar que lo indicado tiene mayores consecuencias internas que internacionales, y en particular para Trump y no para Putin. De manera que siendo válido, no incide necesariamente en el mundo, porque los asuntos de real interés pasan por las sanciones a Rusia, aplicadas y todavía en vigor por la comunidad internacional al agredir a Ucrania; las relaciones con la Unión Europea, tan vapuleada por Trump, y sus resultados económicos ante el nuevo proteccionismo; su intromisión en la guerra civil y apoyo al régimen de Siria, en un conflicto que perdura; o el sostén al régimen de Irán que Putin no reniega, con el peligro de que acreciente su arsenal nuclear y amenace directamente a Israel. Son algunos de los grandes temas que vienen separando a Estados Unidos y Rusia. No se mencionó a China ni a Corea del Norte. Sin embargo, se desconoce hasta ahora, si hubo decisiones sobre estos asuntos, o al menos si fueron abordados con resultados, por los Presidentes o por sus respectivos representantes, Pompeo y Lavrov. Son muy pocos los elementos verificables que hay sobre la cumbre de Helsinki, por válidas que sean las consecuencias que han sido destacadas por la prensa norteamericana y mundial, la que se hado todos los gustos contra Trump. Por lo tanto solo el tiempo dirá si su entrevista con Putin tendrá efectos sobre los grandes temas internacionales. Por ahora, solo parece que se han aceptado mutuamente, y no hay mucho más.

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