Trump tritura el puente colgante entre Israel y Palestina

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Palestinos del campamento de Khan Younis, en Gaza, ven la conferencia de Trump y Netanyahu.



A partir de la declaración de hostilidades de Gran Bretaña contra el  imperio otomano en 1914, el gabinete de guerra del Primer Ministro Herbert Asquith abordó el futuro de Palestina. Así, tomó contacto con representantes del sionismo británico, que propiciaban, como núcleo central de su ideología, el establecimiento de un Estado para el pueblo judío. El resultado de esas conversaciones fue la famosa y discutida carta del canciller Lord Balfour al barón Rothschild, de 1917. El documento expresa formalmente el apoyo del gobierno de "Su Majestad" al establecimiento de un hogar nacional -sin ofrecer la creación de un Estado independiente- para el pueblo judío en Palestina. Agrega que se respetarán los derechos civiles y religiosos de las poblaciones no judías existentes. Esa ambigüedad capital es el punto medular de la controversia en torno al documento.

La carta de Lord Balfour es una de las causas por las cuales los palestinos han sufrido colonización, expulsión y ocupación militar, seguidos de una búsqueda larga y difícil de la autodeterminación y de convivencia con la nación a la que consideran responsables de su sufrimiento y despojos de territorio.  Para el pueblo judío de Israel, el regreso a la tierra de sus antepasados ​​después de siglos de persecución en todo el mundo no ha traído paz ni seguridad. Ha enfrentado a numerosas crisis, violencia, y esfuerzos de sus vecinos por hacer desaparecer a su país.

Frente a esta realidad, en los últimos cincuenta años se ha creado una larga historia de resoluciones y acuerdos con miras a encontrar un arreglo permanente del conflicto del Medio Oriente sobre la base la fórmula de dos estados independientes, implícita en la Declaración Balfour. Los acuerdos más significativos son la resolución 242, del Consejo de Seguridad; las conferencias  de Madrid; Oslo; Wye River Accords; la Cumbre de Taba; el Mapa de Ruta a la Paz elaborado EE.UU., Rusia, Naciones Unidas y la Unión Europea, y la Iniciativa de Paz Árabe. Estos pactos produjeron avances significativos pero también hubo regresiones importantes, principalmente por incumplimiento, tergiversación del contenido o simplemente falta de voluntad política de las partes interesadas, lo que se tradujo en miles y miles de judíos y palestinos muertos, la mayoría de ellos civiles.

El presidente norteamericano deliberadamente ignoró la historia del conflicto.

La proposición, resultado de combinar primero su tendencia populista del tipo "para mis amigos todo; para mis enemigos, la ley", con su impericia para diferenciar yihadistas entre los árabes, cumple con casi todas las aspiraciones del Primer Ministro Netanyahu.

Le otorga la soberanía absoluta sobre Jerusalén (salvo el sitio religioso Monte del Templo bajo la custodia del Rey de Jordania) y el respaldo para anexar los territorios del valle del Jordán, considerados por el derecho internacional como ocupados.

El líder judío Chaim Weizzmann, hace exactamente un siglo, declaró que "el objetivo sionista es hacer Palestina tan judía como Inglaterra es inglesa". Lo propuesto por la Casa Blanca es un paso colosal en esa dirección.

Reducida a su mínima expresión, consiste en reconocer la soberanía de Israel en el valle del Jordán y en Jerusalén –lo que constituye una certeza - y ofrece a los palestinos inversiones provenientes de distintos países de 50 billones de dólares –lo que no pasa de ser una incertidumbre- para que acepten que no habrá dos estados independientes sino un solo Estado, Israel, rodeado de un archipiélago de islotes palestinos conectados entre sí por rutas estrechas. La reacción palestina no se hizo esperar. Rompió relaciones diplomáticas con Israel y Estados Unidos. Con ello, el camino hacia negociaciones reales y serias ahora ha sido bloqueado por mucho tiempo. De paso, con esta propuesta Trump puede dejar de ser aceptado por los palestinos y algunos árabes como un mediador en la arquitectura de paz en Palestina, permitiendo que sus adversarios, Rusia y China, llenen el vacío. En suma, es un mal negocio para los palestinos, para los intereses permanentes de Estados Unidos en la región y para la paz y la seguridad internacional.

¡Gracias, Presidente!

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