Un esfuerzo colosal

No hay que ir muy lejos en el tiempo para recordar cómo, producto de los gastos asociados a la crisis social, se estimaba que nuestro nivel de deuda hacia el final del quinquenio alcanzaría un 40%. Ahora posiblemente este nivel se incremente y cómo las clasificadoras evaluarán nuestro desempeño hacia adelante será un gran desafío.


La tercera semana de marzo partió de forma turbulenta: la abrupta caída en los mercados estadounidenses y europeos mostraban un colapso bursátil no visto en varios años, y de forma secundaria se confirmaban negativos datos en la actividad china ya esperados por el mercado. Definitivamente esto golpearía fuerte a nuestro país.

¿Qué hacer para enfrentar este escenario? El Banco Central hizo lo suyo con una ambiciosa expansión monetaria de 75 puntos base, dejando la Tasa de Política Monetaria en 1,00%, su nivel más bajo desde la crisis financiera subprime. Adicionalmente, fueron impulsadas varias medidas de liquidez para mantener la estabilidad del sector financiero.

Sin embargo, quedaba un sabor amargo. Las crisis financieras se solucionan con estímulos financieros, pero esta crisis marcada por el Covid-19 es distinta, ya que sus shocks afectan tanto a la oferta como a la demanda, y perjudican directamente la cadena de producción de la economía. En otras palabras, es una crisis que afecta al sector “real”.

En este contexto, el jueves cerca del medio día el ministro Briones anuncio un paquete fiscal inédito en la historia de USD $11.750 millones y que entre sus mecanismos de financiamiento incluye el 2% constitucional, atribución exclusiva del Presidente utilizada en contados casos.

Básicamente la propuesta tiene cuatro grandes áreas. La primera, un componente de gasto concentrado en medidas sanitarias y sociales, como la protección de los ingresos y trabajo, y en la aceleración en el pago a los proveedores del Estado, cuyo costo estaría en torno a USD $5.500 millones. La segunda es postergación de recaudación consistente en aplazar entre tres a seis meses distintos impuestos con el objetivo de dar respiro a las finanzas de las PYMES, y proteger su creación de trabajos, cuyo costo alcanza casi USD $5.200 millones.

En menor medida, la tercera área la eliminación del tributo de timbres y estampillas reduce la recaudación en poco más de USD $400 millones y en cuarta instancia, la capitalización de Banco Estado por USD $500 millones promete dar liquidez a sus usuarios por hasta USD $4.400 millones.

Este esfuerzo es colosal, alcanzando un 4,7% del PIB y en torno al 17% del presupuesto aprobado para 2020. Como referencia, el paquete impulsado por Andrés Velasco en 2009 era de USD 4.000 mil millones y equivalía a 2,8% del PIB de aquel entonces.

A pesar de que el financiamiento del actual paquete es conocido, proviniendo de una mezcla de emisión de deuda, uso del FEES y flexibilización tributaria, cada esfuerzo tiene sus consecuencias.

Finalmente, tal como una persona puede quedar con dolor de espalda al hacer un esfuerzo muy pesado, la economía chilena pasará por varios dolores en unos meses más. No hay que ir muy lejos en el tiempo para recordar cómo, producto de los gastos asociados a la crisis social, se estimaba que nuestro nivel de deuda hacia el final del quinquenio alcanzaría un 40%. Ahora posiblemente este nivel se incremente y cómo las clasificadoras evaluarán nuestro desempeño hacia adelante será un gran desafío.

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