Una instalación con alcances históricos

29 Junio 2021 Imágenes del Salón Plenario del Ex Congreso donde se desarrollará la Convención Constitucional. Foto: Andres Perez

Es fundamental que en el proceso constituyente que se abre a partir de hoy no se pierda de vista que el objetivo central es dar con un texto constitucional que una a Chile. Las intransigencias o desconocer las reglas del proceso solo alejarán la meta.




El 4 de julio de 2021 quedará grabado como una de las fechas significativas de nuestra historia republicana. Con la instalación de la Convención Constitucional, cristaliza un largo ciclo que se inició en octubre de 2019, cuando tras emerger una compleja convulsión social la mayoría de las fuerzas políticas logró un trascendental acuerdo con miras a dictar una nueva Constitución, y así canalizar institucionalmente las demandas sociales. El plebiscito de octubre de 2020 -donde por amplia mayoría se ratificó dictar una nueva Carta Fundamental, redactada por los propios ciudadanos- y con la elección de los convencionales en mayo pasado, terminó de completarse esta primera gran etapa del proceso, que a partir de hoy decanta en la deliberación constitucional.

Es por lo mismo lamentable que un hito de esta envergadura haya estado de algún modo empañado en los días previos por una serie de polémicas y declaraciones controversiales, que en nada ayudan a realzar el momento. Desde luego, las categóricas exigencias que algunos convencionales indígenas han estado formulando al gobierno de cara a la ceremonia de instalación crea una imagen conflictiva y poco dialogante, no acorde con lo que se busca en esta instancia, y además muy propio de la “vieja política”. Otros convencionales han cuestionado que en la ceremonia de investidura se les exija tomar el cargo bajo el amparo del capítulo XV de la actual Constitución, no estando claro si habrá roces por ello.

Para la jornada de hoy se han convocado una serie de movilizaciones, no solo pasando por alto las restricciones sanitarias, sino que además algunas de las convocatorias incluso han llamado a “rodear” la sede del ex Congreso Nacional, donde tendrá lugar esta ceremonia inaugural. Solo cabe apelar a los convocantes y a quienes pretenden tomar parte de estas movilizaciones para que sean totalmente pacíficas y no pongan en riesgo la salud de la población.

Por cierto que es legítimo que las distintas culturas y sensibilidades sociales representadas en esta convención busquen dejar algún sello de su propio carisma en esta jornada histórica, pero es muy importante no perder la perspectiva de lo que este día significa para el país y cómo marcará todo el proceso que se inicia. Los hechos antes descritos sugieren que no todos los convencionales parecen estar tomando el peso de lo que aquí está en juego, privilegiando por ahora el escándalo y todo aquello que pueda capturar la atención mediática.

Es lamentable que desde mediados de mayo hasta la fecha, poco o nada se haya escuchado acerca de las ideas constitucionales que cada quien representa, y las visiones sobre los grandes temas que hoy enfrentan a la sociedad. Por ello cabe esperar que a contar de este domingo estas reyertas empiecen a quedar atrás y sea posible focalizarse -al fin- en los debates esenciales.

La convención no debe ser entendida solo como una instancia que refleje la diversidad de miradas que hay en el país. Si bien esa es precisamente su principal virtud, su objetivo final no es ser una gran caja de resonancia social, sino la instancia que tendrá a su cargo la delicada misión de elaborar la nueva Constitución. Ninguna generación de Chile ha tenido la oportunidad de involucrarse tan directamente en la elaboración de la Carta Fundamental, mucho menos con una conformación paritaria y con escaños reservados para pueblos originarios. No hay, por tanto, margen para defraudar las expectativas.

Los convencionales deben estar desde ya conscientes de que el fruto de su trabajo será objeto del escrutinio ciudadano, a través del plebiscito de salida en que obligatoriamente deberá participar toda la ciudadanía. Los tiempos para llevar a cabo esta tarea son estrechos, y por lo mismo los esfuerzos no pueden dispersarse eternamente en debatir un reglamento o en cómo satisfacer cada una de las exigencias que se han levantado. Pero hay más: el objetivo estará plenamente cumplido si es que efectivamente se logra dar con un texto que fruto de los grandes acuerdos lleve a que la mayoría del país lo apruebe y lo sienta como algo propio. Esa será la mejor forma de asegurar su adhesión y dejar atrás las divisiones que hoy despierta la actual Constitución.

Para que este objetivo se logre, será fundamental que la convención se ajuste estrictamente a las reglas fijadas por el Congreso para el funcionamiento del órgano constituyente. La existencia de una hoja en blanco y el que los convencionales tengan amplias atribuciones para debatir todas las materias no implica que se atribuyan una soberanía originaria que no ha sido otorgada en esos términos, ni que se busque desconocer la autoridad que poseen las instituciones que hoy existen. Este proceso se da en el marco de una larga tradición constitucional y en un ecosistema institucional que no puede ser desconocido. Si la postal de hoy deja como resumen ejemplos de civilidad y respeto, podría ser un buen augurio de lo que viene.

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