Una sociedad de mestizos



Por César Barros, economista

A muchos les gusta decir que Chile es un país plurinacional y pluricultural, como Bolivia. Pero la verdad es que somos un país mestizo. Los chilenos -la mayoría- tenemos entre un 40 y un 30% de genes amerindios. Incluso quienes declaran representar a etnias y culturas ancestrales, también son mestizos en algún porcentaje de su herencia genética.

Esto es muy distinto a lo que nos enseñan en nuestros liceos y colegios: que Chile es un país de ascendencia europea, con valores cristianos y occidentales. Seríamos los ingleses de América Latina. Pero no es así, porque la colonización española -a diferencia de las inglesas, holandesas y belgas- tuvo como resultado una mezcla activa de los conquistadores con los nativos americanos, y esto lo podemos observar desde el Río Grande hasta la Patagonia. Los reyes católicos consideraron a los habitantes de sus nuevos territorios como súbditos de la corona, con todos sus derechos. Y procuró defenderlos de las brutalidades de los conquistadores, hombres rudos, hijos de la Europa del siglo XV. Pero, igual que ocurre ahora con las leyes en América Latina, los criollos de la élite contestaban “se obedece, pero no se cumple”.

Los misioneros que acompañaban a los conquistadores tenían la tarea de integrarlos a la fe católica, y para casarlos, emparejarse o mantener amantes, se exigía el bautismo a novias y esposas nativas. Es así como Hernán Cortés, los Pizarro y otros capitanes, procrearon numerosos mestizos cristianos. Lo malo es que, si bien al principio los hijos y nietos mestizos de los conquistadores fueron parte de la élite criolla (la Quintrala era nieta de Águeda, cacicazgo de Talagante, casada con un conquistador alemán), aquello duró poco. Pasó el tiempo, y comenzaron a llegar más españoles y españolas. Y como en la España del siglo XVI, se fueron formando clases sociales diferenciadas, donde los mestizos posteriores no tenían cabida en la élite.

Para los españoles americanos en ese siglo, la separación de clases era algo normal: en España se discriminaba a los judíos, a los mozárabes y a los “cristianos nuevos”. Y los hidalgos, cristianos viejos, tenían una alta opinión de sí mismos. Lo malo es que, a partir de esa costumbre española, se crearon diferencias de poder políticas y económicas, que no hemos logrado superar, y que son hoy el origen de nuestras desigualdades entre mestizos ricos y mestizos menos ricos.

En las colonias inglesas, en cambio, nunca hubo mestizaje. Por eso en EE.UU., la India, Sudáfrica, etc. no hay una población mayoritariamente mestiza como en Chile. Y donde llegaron, a los nativos los mataron, o sometieron, sin jamás mezclarse con ellos. No hay mestizos de europeos y nativos en el subcontinente indio. Ni en el Medio Oriente, en Canadá, Australia o Nueva Zelanda. Y por eso la población blanca fue la dominadora sin contrapeso, y existe mucha igualdad, “entre blancos” naturalmente. Y donde no, los exterminaron, crearon apartheids muchísimo más dolorosos que nuestra mestiza realidad criolla.

Reconozcámoslo, somos una sociedad de mestizos, descendientes de padres europeos y madres nativas. Y creo que, al reconocerlo, será más fácil integrarnos y respetarnos. Y acoger con cariño a quienes son nuestros hermanos de raza.

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