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Andrés Manuel López Obrador celebra su triunfo en las elecciones, en Ciudad de México.



Estuvo hace poco en Santiago y nadie se enteró. Hasta ahora, fuera de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) era un perfecto desconocido. Desde el domingo pasado las cosas han cambiado radicalmente: Andrés Manuel ganó la Presidencia de México por mayoría absoluta y su movimiento Morena será mayoría en senadores, diputados, gobernará varios estados y la Ciudad de México. "Carro completo" como dicen los mexicanos.

Los candidatos derrotados reconocieron rápidamente su triunfo y lo mismo hizo el Presidente Peña Nieto. Por su parte, Trump también lo felicitó, habló con él media hora y encargó al Secretario de Estado Pompeo ir a México a entrevistarse con él los próximos días.

En una columna de abril del 2017 afirmé que AMLO "lleva las de ganar. Que es una promesa para México y América Latina y para que se concrete deberá cumplir con condiciones muy exigentes". Reafirmo lo escrito.

Frente a la incertidumbre que genera el Presidente electo, muchos analistas se han hecho la pregunta de quién es AMLO. Las respuestas dan para todos los gustos: "profeta", "político de intemperie" (Aguilar Camin), "político de la tenacidad (Silva-Herzog Márquez), "Trump mexicano" (Castañeda), "populista" (A. Vargas Llosa), "priísta de los setenta" (Meyer).

Las características del líder son, por cierto, esenciales, pero no bastan para definir el curso de los procesos. Sigo pensando que, finalmente, la historia la hacen los pueblos. Y en este caso es el pueblo mexicano -más de 30 millones de hombres y mujeres, de los cuales 12 millones son jóvenes- el que eligió a Andrés Manuel hastiado de la corrupción, la violencia, la pobreza y las desigualdades.

Los compromisos de AMLO son simples pero, si se piensa bien, muy ambiciosos: "no robar, no mentir, no traicionar". Si consigue gobernar de acuerdo a estos principios logrará encabezar la "cuarta transformación" que él pretende conducir luego de la Independencia, la Reforma y la Revolución. López Obrador busca así empinarse a la altura de Hidalgo, Juárez y Madero. Sus ideas más personales están desarrolladas en su libro "2018 la salida. Decadencia y renacimiento de México" (Planeta). En él sostiene que México es una "República simulada dirigida por una 'banda de malhechores'"; la "mafia en el poder" que fue el blanco de sus críticas durante la campaña. Propone en su reemplazo una "República fraterna".

¿Lo logrará? No se sabe. Nadie puede esperar que al cabo de su sexenio en 2024 se hayan erradicado todos los males endémicos de México. Bastaría para que estuviera ampliamente cumplida su aspiración de ser recordado como "un buen presidente", que durante los años por venir la tendencia se orientara en esa dirección, con menos corrupción, menos violencia, menos pobreza y menos desigualdades.

El pronóstico es reservado. Si los presidentes en democracia son siempre territorios en disputa, en el caso de AMLO esto es especialmente cierto. Han apoyado su candidatura sectores muy diversos. Entre ellos no faltan las fuerzas conservadoras que apoyaron a AMLO más por sentido de la oportunidad que por convicción.

Andrés Manuel es un dirigente histórico de la izquierda mexicana. Con su apoyo y el respaldo de una gran mayoría del pueblo tiene ante sí la posibilidad de hacer historia. Como también lo dijimos en la columna ya citada, "necesita para ello aunar muchas voluntades y rectificar errores del pasado".

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