Carlos Ominami

Carlos Ominami

Economista

Opinión

El viaje a Cúcuta: la guinda de la torta

El presidente de República, Sebastian Piñera, junto al Ministro del Interior, Andres Chadwick, y el Canciller Roberto Ampuero, observan el cargamento de la ayuda humanitaria que enviara Chile a Venezuela. FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO

No obstante las advertencias, el Presidente Piñera viajó a Cúcuta, ciudad colombiana fronteriza con Venezuela, que tiene a su honor haber sido donde se promulgó la Constitución de 1821 que dio origen a la Gran Colombia como república independiente.

No sabemos qué ocurrirá este viernes 22 y sábado 23. ¿Entrará o no entrará la ayuda humanitaria? ¿ Se producirán enfrentamientos armados? ¿Reprimirán las Fuerzas Armadas Bolivarianas a la muchedumbre que probablemente intentará traspasar la frontera? ¿Desobedecerán las FF.AA. las órdenes de Maduro y Padrino y reconocerán a Guaidó como su nuevo comandante en jefe? Son algunas de las interrogantes que buscarán respuesta en estos tensos días. Lo que de momento parece claro es que habrá dos conciertos. “El Live Aid” para apoyar a Guaidó y “Manos fuera de Venezuela” organizado para apoyar a Maduro. Ojalá esto fuera todo: una gran competencia entre dos festivales. Es harto mejor que un enfrentamiento armado.

Bolívar debe estar revolcándose en su tumba. Allí donde quería una gran patria fraterna tenemos dos bandos disputándose enconadamente, cada uno apoyado por grandes superpotencias. En uno de ellos estará el Presidente Piñera entregando una ayuda cuyo monto alcanza a los US$ 150 mil, que son bien poquita cosa al lado de los US$ 7.000.000.000 de PDVSA que el gobierno de Trump se ha propuesto bloquear.

Este viaje es un despropósito que rompe todas las reglas de la diplomacia y del sentido común. El Presidente es el conductor de las relaciones internacionales. Eso no está en cuestión. Lo que sí lo está es una conducción que ha roto con la larga tradición chilena de entender la política internacional como “política de Estado”. Con su posición sobre Venezuela, alineada con la política norteamericana, el gobierno ha roto con esa noble tradición. Con ello, se sitúa no solo muy por debajo de la decisión del Presidente Lagos de decir no a propósito de la invasión a Irak, sino que también de la establecida por Jorge Alessandri, que en 1962 resistió a la presión norteamericana para expulsar a Cuba de la OEA.

Pero la posición sobre Venezuela es solo parte de un patrón de relaciones que vulnera dos principios básicos de nuestra política exterior: el multilateralismo y la integración regional. Como demostración de lo primero, el retiro del Acuerdo de Escazú sobre acceso a la justicia en asuntos medioambientales y la no suscripción del Pacto Mundial sobre Migración aprobado por la gran mayoría de las naciones. Por otra parte, responder a la ideologizacion de Unasur con un Prosur tan ideologizado como la anterior, salvo que de signo contrario, no contribuye a la integración de nuestros países.

En este sentido, el viaje no es más que la guinda de la torta; una acción propagandista impropia de una nación seria. De corazón ruego por Venezuela y por todos nosotros para que el ruido de las balas no silencie el canto de los artistas con nuestro Presidente metido entremedio.

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