Viendo la luz en Chile

Es innegable sostener que los fundamentos macroeconómicos se han visto deteriorados por los múltiples shocks que enfrenta el país. Sin embargo, la economía chilena en los últimos meses nos ha dado señales de su resiliencia.



Indudablemente el clima de incertidumbre mundial, regional y especialmente nacional ha hecho que los inversionistas miren con algo de desconfianza el terreno en Chile. Sin embargo, no se puede pasar por alto que en el margen las noticias y oportunidades en el contexto nacional han sido positivas.

Tomando algunas consideraciones macroeconómicas, los últimos datos de frecuencia mensual del país han sido relativamente mejores a lo esperado, en especial el IMACEC que los últimos dos meses ha tenido sorpresas positivas. Si bien las caídas en variación anual siguen siendo de dos dígitos, aquello no debería ser algo sorpresivo, sino que lo destacable es que en su nivel mes a mes el país parece avanzar.

Adicionalmente, a medida que se han concretado algunas entregas de beneficios del Estado, sumado al retiro de fondos y un retiro paulatino de las restricciones han permitido un pequeño y transitorio boom en el consumo del que ya ha tomado cuenta la Cámara Nacional de Comercio, y que incluso diversos analistas afirman que contribuirá al PIB entre 1,5 a 2 puntos en base al consumo.

Por otro lado, no cabe duda el enorme desafío fiscal que han conllevado tanto el estallido social de octubre como la pandemia a principios de este año, pero aun así Chile poseerá una posición ventajosa respecto al otros países. En efecto, de acuerdo con estimaciones de diversos analistas internacionales[1] el déficit fiscal total debería cerrar en torno a -10,3% del PIB para 2020, similar a la situación de Latinoamérica y del resto de los países emergentes, aunque hacia 2021 se espera una reducción hasta -4,5% del PIB, más lejos del -4,9% para Latinoamérica y del 8,5% para los países emergentes.

En la misma línea anterior, el mundo estará más endeudado en los próximos años, el nivel de deuda pública bruta en Chile estará cerca del 36% del PIB, mientras Latinoamérica alcanzará 81,5%, los países emergentes un 63,1% y los países desarrollados un increíble 131% del PIB.

En cuanto al estímulo externo, la recuperación de China impulsará nuestras exportaciones y ante mejores términos de intercambio con un cobre levemente por sobre 3 USD/libra no sólo mejorará la balanza comercial, sino que también habrá un efecto positivo sobre las arcas fiscales.

Finalmente, la contención de la pandemia del COVID-19, que se ha convertido en la madre de todas las batallas no solamente sanitaria sino también económica, parece estar mostrando una mejor cara con los números informados en las últimas semanas, y una mejora paulatina en la capacidad hospitalaria hacen pensar que el país logró aguantar el impacto, y obtener lecciones importantes para el futuro, que serán necesarias en este juego del “tira y afloja” que significa el levantamiento de las restricciones o imposición de nuevas medidas en caso de ser necesario.

En conclusión, es innegable sostener que los fundamentos macroeconómicos se han visto deteriorados por los múltiples shocks que enfrenta el país. Sin embargo, la economía chilena en los últimos meses nos ha dado señales de su resiliencia y si es que el proceso y discusión constitucional se aleja del debate pasional y la violencia hacia el dialogo constructivo en base a la ideas, probablemente el país se muestre fortalecido en el mediano a largo plazo.

[1] Entre los mencionados se encuentran JPMorgan, Morgan Stanley, Citibank y el FMI.

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