Roberto Méndez

Roberto Méndez

Escuela de Gobierno UC

Opinión

Mi visión de los cien días

El Presidente Sebastián Piñera en el Palacio de Cerro Castillo, después de la cuenta pública del 1 de junio.

En las manadas de primates, los zoólogos han comprobado que, al menor atisbo de peligro, se incrementa vertiginosamente la frecuencia de intercambios vocales. La conducta, contribuye a la supervivencia de la especie y por lo tanto no resulta sorpresivo que la evolución haya mantenido tal comportamiento aún en nuestra sociedad. En la llamada “clase política”, el fenómeno parece confirmado y aún potenciado. Hoy día, el grupo “huele a peligro”.

Han pasado apenas cien días desde que Sebastián Piñera cruzara las puertas de La Moneda, investido por segunda vez como Presidente. Y los silenciosos ciudadanos, no parecen disconformes de cómo van las cosas; por el contrario, un 60% dice aprobar como el Presidente está ejerciendo su cargo. Esto es muy superior a la votación de segunda vuelta (55%), significativamente mejor a lo observado en igual plazo de su primer período (52%, Adimark junio 2010), e incluso superando la aprobación de Bachelet en momento equivalente (58%, Adimark junio 2014).

La economía muestra un saludable dinamismo y los conflictos sociales parecieran enfocados en temas sin duda serios, pero que en cierto modo exceden la gestión del gobierno, o la política en general; es el caso del transversal movimiento feminista.

Ante tan auspicioso comienzo, uno esperaría que la coalición de gobierno estuviera celebrando. No necesariamente con champaña (el plazo es todavía breve), pero al menos tratando de entender las causas de tan positiva respuesta de la opinión pública y así ser capaces de mantenerla en el futuro.
La realidad es muy diferente.

Las quejas se han incrementado en volumen y frecuencia; se habla de “problemas de instalación”, malestar, “incomprensión de cultura de coalición”, falta de ideas y cosas así, al punto de que algunos llaman a convocar… ¡un cónclave de emergencia! para enfrentar alguna inminente crisis. Volviendo a las manadas, ¿qué riesgo percibe este grupo, aparentemente triunfador, que lo lleva a actuar así?
La coalición de gobierno, especialmente los partidos más tradicionales de ella, huelen a pérdida de poder, el peor de los peligros en la selva de la política. La pugna está siendo impresentable, muy alejada de la visión y de los intereses del ciudadano común. Los “problemas de instalación” no es más que una metáfora para la encarnizada lucha por los cargos, el poder, los recursos. Y el riesgo mayor para la manada, la obvia apertura inclusiva que parece buscar el Presidente amenaza especialmente al tradicional duopolio RN-UDI.

No hay crisis de instalación. Lo que hay, es un diseño político que está resultando diferente a lo que algunos esperaban, y están asustados.

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