Volver a hablar de educación pública



Por María Alejandra Grebe, directora de Educación Pública, Mineduc

Los niños, niñas y jóvenes de nuestras escuelas han sido los más afectados con la pandemia. Quizás un poco a la fuerza estamos enfrentando preguntas fundamentales respecto de acentos, modos y dimensiones de la forma de educar, interrogantes que muchas veces como sistema nos resistimos a responder.

Nuestros estudiantes dejaron de asistir a la escuela en marzo cambiando lo presencial por el aprendizaje remoto y esta situación pone en evidencia el primer cambio de paradigma. Porque la sala de clases se ha trasladado en sus múltiples formas a la casa de los alumnos, y el Covid-19 nos enseñó que, aunque podamos resignificar la forma de vincularnos y estar en contacto con ellos (as), nada reemplaza lo presencial.

Este cambio no puede volver atrás. Hemos evidenciado la importancia de integrar a las familias y los contextos de nuestros estudiantes en sus aprendizajes. La escuela hoy no tiene fronteras y donde hay un educador dispuesto con creatividad a enseñar, ahí está la escuela, ahí hay aprendizaje en contexto y se construye conocimiento.

En este mes de aniversario de la educación pública hemos avanzado en conjunto con los actores de las comunidades educativas en responder una gran pregunta: ¿Cómo debe ser la nueva educación pública? Este cuestionamiento lo planteamos con o sin Covid-19, pero en el contexto actual adquiere una urgencia ineludible.

Tenemos una tarea a corto plazo, que es establecer espacios seguros que cumplan con los protocolos sanitarios. Y que, además, nuestras aulas sean lugares de contención emocional y de desarrollo social, con modalidades flexibles de aprendizajes que garanticen el retorno a clases.

Pero tenemos una tarea más trascendental, que es cómo repensamos la escuela en términos de construir espacios de aprendizaje innovadores, que puedan ser reflejo de proyectos educativos que aseguren los sellos de cada territorio, y donde el aprendizaje socioemocional y las competencias del siglo XXI se puedan desarrollar con diversidad, inclusión y participación.

Tomamos un largo camino que recorrer, sabemos que no será fácil y que tendremos dificultades que atravesar.

La implementación de un servicio local con foco en la calidad de educación, en los establecimientos educacionales, en los jardines infantiles, escuelas y liceos, requiere de mucho esfuerzo, voluntad, capacidades técnicas y profesionales. Pero, sobre todo, de un cambio de mentalidad.

Desde la nueva educación pública le damos la bienvenida a los servicios locales de educación. A los 175.177 estudiantes, de 41 comunas; a los 658 establecimientos educacionales a lo largo y ancho de Chile. Y a los 15.163 docentes, a los 12.655 asistentes de la educación y a los cientos de miles de padres y apoderados.

La educación tiene un valor intrínseco asociado al desarrollo del ser humano. Pero también es clave para aumentar capacidades, además de ser un vehículo de cambio en la sociedad.

Debemos trabajar en conjunto para fortalecer y garantizar el derecho universal a una educación pública de calidad. Y para esto se necesita de la voluntad de todos.

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