“¿Votar por convicción?”



SEÑOR DIRECTOR

En la carta del 29 de noviembre, Nicolás Durán levanta las importantes preguntas acerca de hasta dónde debo identificarme con un candidato y sus ideas o, en el caso inverso, qué grado de tolerancia debo tener con un candidato cuya figura o ideas no me representan, qué grado de convicción debo tener para votar.

Por supuesto, las simpatías y convergencias de ideas son siempre limitadas. Después de todo, solo estamos 100% de acuerdo con nosotros mismos (y ni siquiera eso, pues mudamos nuestras simpatías y convicciones). Respecto a otros, no todos tienen el privilegio de tener hermanos gemelos en los que vean reflejadas sus historias de vida y preferencias.

Pero toda divergencia tensiona la relación. Mientras menos coincidencias o mientras las divergencias afecten áreas a las que el votante otorgue mayor importancia (temas de orden para sectores de mayor edad, cambio climático para los más jóvenes), más se distancia del candidato tal o aquel. Pero el “ambiente”, como puede ser el percibido ataque a la democracia por el candidato contendor, ciertamente ayuda a formarse la convicción.

Muchos escapan en el derecho a las así llamadas “dos otras posibilidades o vías”; el voto en blanco o nulo. Por supuesto, todo ciudadano tiene derecho a votar nulo o en blanco, pero con eso rehúye su obligación como ciudadano de afectar la decisión.

Como enseña Max Weber, debemos ser responsables de que de nuestro actuar resultarán consecuencias. El que vota blanco o nulo descansa en el falso alivio de no haber intervenido. Después de todo, en la papeleta aparecen nombres u opciones y nunca “blanco” o “nulo”.

Marcelo Muñoz Perdiguero

Abogado

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