Voto electrónico: la tecnología a la mesa política

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Por José Miguel Piquer, doctor en Computación del Ecole Polytechnique de París; socio fundador y presidente del directorio de EVoting Chile SpA

“El mecanismo tiene nombre y tiene forma: primaria convencional con voto electrónico”. Las palabras del presidente del Partido Radical, Carlos Maldonado, sobre las primarias ciudadanas del pacto Unidad Constituyente sorprendieron por ser la primera vez que, en Chile, un presidente de partido se abre al sufragio electrónico como una alternativa formalmente viable. Pero no debería sorprender: es resultado de la evolución natural de las sociedades, como consecuencia directa del desarrollo no solo de la tecnología, sino también de la política.

Los debates sobre voto electrónico pretenden en general instalar la idea de que los problemas en las elecciones surgen solo con este tipo de votaciones. Pero todos sabemos que también los sistemas tradicionales tienen ejemplos de éxitos y reveses.

Sin embargo, no se trata de comparar las distintas alternativas de sufragio hoy existentes, sino de ver cómo se complementan y potencian para incentivar la menoscabada participación ciudadana. Ello, por supuesto, resguardando los requisitos básicos de cualquier sistema electoral democrático, como son el secreto del voto, la transparencia y la eficiencia.

En Chile, los beneficios de la democracia electrónica son conocidos por millones de chilenos que la han ejercido: fácil acceso y organización, costos significativamente menores y resultados transparentes e inmediatos. Pero, sobre todo, que el sistema electrónico ofrece la posibilidad de opinar y decidir sobre temas y espacios que el procedimiento tradicional no cubre. Un ejemplo de ello fue la masiva consulta ciudadana electrónica convocada por la Asociación de Municipalidades en 2019, en la que participaron más de dos millones de chilenos.

La disyuntiva entre el voto electrónico y el voto en papel es falsa y en Chile coexisten ambas formas de sufragar. Tenemos una larga tradición de exitosas votaciones presenciales en papel, cuyo recuento central y resultados finales hace décadas son electrónicos, permitiendo así su entrega expedita. Sin embargo, estos procesos electorales ocurren casi exclusivamente para la elección de autoridades nacionales y es un error creer que a la ciudadanía solo le interesa votar en temas políticos. Por el contrario, la gente quiere hoy votar en un sinnúmero de temas relacionados con su vida y lo hacen regularmente en las organizaciones a las que pertenece.

Esa misma realidad es la que explica el exitoso avance del voto electrónico –presencial y remoto– que hemos vivido en Chile durante los últimos cinco años. Con EVoting han votado empresarios, trabajadores, académicos, médicos, ingenieros, bomberos, profesores, estudiantes, deportistas, juntas de vecinos, clubes de fútbol, accionistas, entre tantos otros. Hemos realizado más de 1.600 votaciones electrónicas, casi 400 asambleas electrónicas y recibido más de 2 millones 200 mil votos.

En el Día Internacional de la Democracia, proponemos abrir un debate necesario, amplio y transparente sobre las votaciones electrónicas en nuestra sociedad, que ponga por delante los derechos democráticos de la ciudadanía. Oponerse a priori a un método no tiene sentido, ni es coherente con lo que está ocurriendo en Chile y en el mundo y solo nos arriesga, como país, a quedarnos atrás en una tecnología que puede ayudar a fortalecer la democracia. No se trata de reemplazar de golpe toda elección en papel por una electrónica; hay una fe pública y un prestigio ganado que debemos preservar siempre. Pero sí podemos abrir espacios nuevos, y permitir la votación electrónica en temas que hoy no se abren a la discusión ciudadana.

La gente exige hoy mayor participación en las decisiones que la involucran, mucho más allá de lo que la democracia tradicional puede ofrecer. Pensamos que las instituciones nacionales deben sincerar esta realidad y subir la democracia electrónica a la mesa de la discusión política, de manera seria y responsable. Se trata de hacerse cargo de las limitaciones de nuestro sistema, abrirse al intercambio de ideas y conocimientos, y evaluar nuevos caminos para perfeccionar y complementar nuestra democracia.

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