La Tercera

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Opinión

Votos DC en la reforma tributaria


En forma aparentemente sorpresiva, la Democracia Cristiana (DC) decidió aprobar la idea de legislar en torno al proyecto de reforma tributaria que impulsa el gobierno. Si bien la iniciativa llega a esta etapa tras sumar propuestas complementarias -algunas contradictorias con su propósito básico de incentivar la inversión-, sigue conteniendo un importante potencial de contribución al crecimiento, inversión y empleo, a través de la integración tributaria. La percepción es de un triunfo político importante del Ejecutivo, tras meses de incertidumbre, frente a una oposición que parecía dispuesta a usar su mayoría parlamentaria para frustrar por completo un componente muy principal en el programa de gobierno.

Sin restar méritos a los esfuerzos desplegados por el gobierno, sin embargo, debe decirse que su tarea en materia tributaria, y la de su coalición, dista de estar asegurada. Por una parte, porque una acción como la llevada a cabo por la DC era esperable, y no representa una definición meditada en favor de la integración tributaria; y porque, tras meses de debate, subsiste la idea errónea de que se trata de un proyecto “regresivo”.

Tras su participación en el gobierno de la Nueva Mayoría, el perfil político de la DC se hizo difícilmente distinguible del de sus socios de izquierda. Como consecuencia, votantes moderados de la DC comenzaron a sentirse mejor representados por la centroderecha, con la consiguiente pérdida de peso electoral del partido. Así, la DC, desde su participación en la Nueva Mayoría, enfrenta el dilema de plegarse a las propuestas de la izquierda, que es la inclinación de muchos de sus dirigentes y parlamentarios, o, posicionándose más al centro, evitar la sangría de votantes. En la certeza que, llegado el momento, va a poder suscribir pactos electorales con la izquierda, pues son de mutua conveniencia, resulta atractivo y posible para la DC mostrarse autónoma y capaz de tomar distancia de ésta, y de ahí su reciente “descuelgue” para aprobar la idea de legislar sobre impuestos.

Desde ahora, y porque parece esencial para su estrategia mostrarse distante del gobierno y de la izquierda, es probable que la DC prolongue tanto como le sea posible su condición de árbitro en la disputa tributaria. Y por las convicciones de sus dirigentes y parlamentarios más de izquierda, todavía puede terminar obstruyendo definitivamente lo más esencial del proyecto tributario, como es la integración.

El gobierno deberá entonces procurar que a la DC le resulte difícil rechazar lo central del proyecto de reforma tributaria, para lo cual debe desvirtuar la imagen de proyecto “regresivo” que ha instalado la oposición. Ha predominado hasta ahora la noción errónea de que el proyecto busca favorecer a los sectores más pudientes, y el gobierno, en alguna medida, ha validado esta imagen del proyecto, al consentir en medidas complementarias que, en la visión que difunde la oposición, “compensen” su supuesta regresividad.

Para evitar el rechazo al corazón de su proyecto, o su deterioro final a través de medidas complementarias contraproducentes, el gobierno debe acentuar su esfuerzo técnico y comunicacional para establecer, frente al país, los méritos objetivos de la integración tributaria.

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