¿Y después qué?

22.04.2020 RECORRIDO POR EL PUEBLO DE ALHUE UNO DE LOS POCOS QUE NO CUENTA CON INFECTADOS POR COVID-19, DEBIDO A LAS MEDIDAS QUE HAN TOMADO PARA CONTROLAR EL INGRRESO DE VISITANTES Y FAMILIARES PROVENIENTES DE SANTIAGO Y OTROS LUGARES. FOTOS: PATRICIO FUENTES Y./ LA TERCERA



Por Hernán Cheyre, Centro de Investigación de Empresa y Sociedad (CIES) Universidad del Desarrollo

En el ámbito económico, el foco de preocupación en estos días está puesto en lograr que los recursos crediticios ofrecidos con garantía estatal puedan llegar con rapidez a las empresas beneficiarias, y también en buscar mecanismos adicionales para poder atender a los segmentos que no tienen cobertura a través del sistema bancario. Todo esto, con el justificado propósito de lograr mantener en marcha el aparato productivo nacional, y de proteger los puestos de trabajo así como los ingresos de las personas todo lo que sea posible. Pero sin perjuicio de la urgencia que esto amerita, también es importante comenzar a prepararse desde ya para lo que va a venir después, cuando se inicie la fase de recuperación.

Si hay algo que puede anticiparse con bastante certeza es que en los próximos meses la cantidad de desempleados va a aumentar en forma considerable, en un contexto en el que también va a desaparecer un número importante de empresas. Esta situación va a “liberar” un volumen significativo de recursos productivos (la infraestructura y la maquinaria no se van a evaporar como consecuencia de este shock), de manera que la rapidez con la que pueda recuperarse la economía va a depender, en gran medida, de la agilidad y flexibilidad con que se actúe para lograr que estos recursos puedan destinarse nuevamente a otros usos.

Desde esta perspectiva, el anuncio de que se estudia modificar la ley de reorganización y liquidación de activos (ley de quiebras) es positivo, por cuanto para que tenga un funcionamiento más fluido y pueda ser utilizada por un mayor número de empresas de menor tamaño que van a enfrentar la necesidad de tener que reorganizarse o de cerrar, va a ser necesario facilitar requisitos y simplificar trámites. Y en lo que respecta a los trabajadores que van a salir en busca de una nueva ocupación, sería de gran importancia también poner en marcha a la brevedad programas de reentrenamiento, que a través de la capacitación les permita adquirir habilidades que les faciliten la reinserción laboral.

En definitiva, lo que se va a requerir es impulsar con fuerza una ola de reemprendimiento en el país, de manera que con prontitud se puedan volver a utilizar los recursos productivos disponibles. Considerando que seguirá prevaleciendo un ambiente de incertidumbre, no se debería descartar la opción de implementar algún tipo de subsidio a la contratación durante un período transitorio, especialmente en las nuevas empresas que se creen, que actúe como reemplazo de los subsidios directos que está recibiendo un grupo de la población mientras dejan de percibir ingresos. Asimismo, en materia de otorgamiento de permisos para operar, los organismos reguladores correspondientes deberán flexibilizar criterios, de manera de facilitar la puesta en marcha de nuevas iniciativas. La agenda de opciones es amplia, y el desafío es actuar con prontitud entregando las primeras señales de una hoja de ruta para la recuperación. 

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