Cuarentena y coronavirus en Puerto Natales: "Hay un pánico generalizado"

Vivir aislados




Puerto Natales tiene cerca de 19.000 habitantes, según el último Censo, y –hasta ahora– solo tres contagiados por Covid-19. A los natalinos los protegen los fiordos del sur de Chile y una serie de aduanas sanitarias que ha establecido la autoridad en distintos puntos de la ciudad, para evitar que personas infectadas con el virus lo propaguen dentro del puerto patagónico. Alex von Bischhoffshausen (60) es viudo y vive hace más de 20 años en esta localidad del extremo sur. Es papá de Anastasia (4) y aquí habla sobre cómo se vive el aislamiento social cuando se es padre y madre a la vez, en una de las localidades más australes del mundo.

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"Nací en Punta Arenas y me fui al norte cuando entré a estudiar a la universidad. Después de unos años decidí volver al sur y establecerme en Puerto Natales porque tuve la oportunidad de hacer un proyecto turístico en Las Torres del Paine con un socio. Ya llevo más de 20 años viviendo acá y hace cuatro junto a mi hija Anastasia.

Cuando ella cumplió dos meses, su mamá murió y, desde entonces, hemos vivido los dos solos porque todo el resto de la familia está lejos. Por eso estoy cien por ciento dedicado a ella y a trabajar en una panadería que abrimos con su mamá justo antes de que ella muriera. Cuando tienes un negocio en una ciudad tan pequeña como Puerto Natales creas lazos de amistad con todos los vecinos. Quizás por eso, a pesar de lo que está sucediendo con el Covid-19, hemos decidido seguir atendiendo con todas las precauciones posibles.

Si bien hay un riesgo, es mucho más acotado porque aquí en Natales es bien diferente como funciona todo que lo que pasa en ciudades grandes. Es un lugar muy chico y casi no hay aglomeraciones. La gente entra de a uno al local, porque somos pocos. No es como una panadería en Santiago en la que circulan cien personas en un día. Es por eso que decidí que voy a mantener la panadería funcionando hasta que sea seguro hacerlo, pero no voy a correr riesgos innecesarios.

El tema de las fronteras sanitarias que se han puesto en Natales en el día a día no nos han afectado tanto, por lo menos a los que no tenemos que viajar a diario a Punta Arenas. Lo que sí ocurre es que son medidas que inevitablemente generan miedo. Hay un pánico generalizado producto de la información falsa que se transmite a través de las redes sociales. Todas las mañanas tengo que juntarme con mi gente en la panadería para hablar de lo que está pasando porque muchas veces llegan asustados por datos que han recibido a través de internet y que no son reales. Hace poco circuló una noticia de que habían más de 20 contagiados en el puerto, cuando acá todavía no había ninguno. Pero además del miedo al virus, hay personas con miedo a las repercusiones económicas que va a tener para todos. La mayoría acá vive del turismo y evidentemente el Covid-19 va a golpear duramente a esta industria también.

Actualmente, la ciudad está funcionando al 30% porque todas las reparticiones públicas y las tiendas están cerradas. Lo único que sigue abierto son las ferreterías, las farmacias y los puntos de alimentación. Sin embargo, nuestra rutina con la Anastasia casi no se ha visto casi alterada. Siempre hemos vivido solos y pasamos mucho tiempo juntos. Por eso quizás no nos ha afectado tanto como a otras familias el hecho de que se hayan suspendido las clases o que la gente esté trabajando desde sus casas y no desde la oficina.

A mí me gusta mucho la escritura y la fotografía y mi hija está acostumbrada a que, tal como yo tengo una hora de lectura, ella también tiene una hora de lectura. Tengo una hora de fotografía, ella también tiene una hora de fotografía. Anastasia tiene a ese ritmo de vida porque yo también la he hecho parte de esas actividades. Pasamos harto tiempo leyendo cuentos, haciendo ilustraciones y salimos al campo los fines de semana. Antiguamente abría la panadería hasta los domingos, pero cuando la Anastasia fue creciendo dejé de hacerlo para poder estar esos días con ella: los sábados son noche de pizza en la casa y los domingos los pasamos juntos sin falta. Mis panoramas son siempre juntos.

Tuve una crianza quizás un poco particular en ese sentido porque crecí en Punta Arenas y tuve la suerte de poder pasar mucho tiempo con mi papá y mis hermanos. Todos ellos tienen hijos adultos de 20 años o más, y vi lo rápido que crecieron. Las etapas de los niños se van volando y por eso trato de aprovechar las de mi hija al máximo. En un abrir y cerrar de ojos va a tener 12 años y quizás ya no va ser tan entretenido para ella salir de paseo conmigo, porque va a tener ganas de pasar más tiempo con las amigas y eso está bien. Por eso trato de aprovechar ahora, sobre todo porque vivimos en una ciudad pequeña y porque tengo un trabajo que me permite manejar mis tiempos de forma flexible.

Creo que a pesar de que estamos lejos de casi todo, en Natales se ha generado una combinación bien explosiva en cierto sentido porque además del miedo a la enfermedad, está la incertidumbre laboral y hay más ansiedad por no tener a los niños en el colegio. Esa última parte a mí me da un poco de risa porque la mitad de la gente con la que hablo está súper complicada por tener a los hijos todo el día con ellos. Me preguntan cómo lo hago con la Anastasia. Yo honestamente les digo que no sé, ella se entretiene sola. Quizás tengo demasiada suerte, porque a veces incluso puedo dormir siesta.

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