Celebrar los aprendizajes




“Un importante autorregalo de Navidad que me haré será una prenda de color, porque hasta ahora solo me vestía de negro”, cuenta la tatuadora Javiera Vidal (31). Dice que es una decisión que tomó luego de esta sesión de fotos, donde probó otros colores. Antes le complicaba usar joyas o ropa con estampados y texturas, porque sentía que mezcladas con sus tatuajes podría verse sobrecargada. Pero descubrió que era una norma autoimpuesta y que en realidad no importa si se ve llamativa. Y no es lo único que ha descubierto en este tiempo. “Los fines de año suelen ser momentos para evaluar y proyectar. Quizá en años anteriores muchos decíamos que nos gustaría hacer tal cosa, pero después del 2020 lo más probable es que muchos queramos concretar esos deseos, no quedarnos en la palabra. Porque la pandemia nos hizo ser más conscientes del tiempo y de nuestra estadía en este mundo”, dice.

El psicólogo Fernando Duarte dice que esta es una conclusión que muchas y muchos han sacado después de esta pandemia y particularmente en esta época del año en que se suelen hacer balances, necesitamos detenernos a mirar qué aprendimos o qué ganamos con esta experiencia para así poder conectarnos con aquello que queremos que no vuelva atrás. “Quienes quieren hacer un cambio deben mover piezas, organizar cosas, dejar llegar y también dejar ir a personas y experiencias, pero para eso es importante tener claro el beneficio que traen estas nuevas vivencias. Poner foco en eso nos permite ser lúcidos para no volver a caer en dinámicas que nos hacían mal y así estos meses de incertidumbre se transformen en un aprendizaje”.

En ese sentido, es importante que en este periodo del año, en que se mezcla la reflexión de un año complejo con la posibilidad de volver a encontrarnos con otras y otros, “pongamos ojo en cómo queremos salir de esto, porque lo que vivimos, además de una pandemia, fue una revolución interna que nos hizo ver la fragilidad de la vida, y por tanto surge la importancia de preguntarnos cómo queremos seguir viviendo”, agrega.

Algo que también ha cuestionado profundamente la maquilladora y dueña de la tienda Flow Granola, Constanza Polanco (44). “Durante la pandemia han aflorado distintos sentimientos que he querido recordar a través de tatuajes. Cuando me sentí contenta quise tatuarme una flor y después, cuando no sabía para dónde iba la cosa, me hice una enredadera. Al tiempo me pasó algo fuerte y me hice un corazón. En ese momento no estaba muy bien, pero cuando fui mejorando le fui poniendo flores. En algún momento me puede haber dado pudor o hasta miedo tatuarme todo un brazo, pero ahora siento que soy mucho más real que antes, y eso me gusta”, dice.

No es una decisión que tomó de un día para otro, ha sido en paralelo a un largo proceso de reflexión. “Cuando partió la cuarentena trabajaba en una oficina de abogados. Cuando decidí tatuarme estaba con teletrabajo, por lo que nadie me veía, pero siempre supe que en algún momento tendría que volver a ese ambiente formal. Y no me importó, porque ya no quiero seguir escondiéndome, ahora quiero ser quien soy”, dice, y cuenta que la semana pasada decidió renunciar. “Siento que la pandemia me ayudó a sacar ese yo interno que estaba escondido y mostrarlo sin ningún miedo a que me juzguen o al qué dirán. Me permitió salir del encasillamiento, de lo que creía que era. Y también me permitió entender la importancia de pasarlo bien, porque la vida es corta y no sabemos qué va a pasar. Tenemos que vivir el día a día y no programar tanto”, agrega.

Por eso ambas se preparan para estas fiestas de fin de año con otra postura. “Si todo sigue como está, quizás la Navidad o el Año Nuevo van a ser la primera instancia después de muchos meses en que nos vamos a reunir con nuestros seres queridos en una ocasión especial, y creo que está bien que todas queramos disfrutar, vernos bien, lucir nuestro brillo, porque cuando una persona brilla, las otras personas se contagian”, dice Javiera.

Duarte coincide: “Creo que es importante hacer un quiebre, aunque hagamos una celebración más íntima o más austera, internamente es bueno hacer un ritual de fin de año. La Navidad para muchas personas tiene una carga emocional importante, y en un año que marcado por las dificultades, pérdidas y crisis económicas se hace anímicamente necesario. Es un tiempo para reflexionar acerca de lo que quiero dejar atrás y lo que aprendimos”.

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