Con luz propia

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Estilismo Paulina Poblete y Dominga Sivori/ Producción The-Nu/ Asistete de producción Rebeca Rodríguez/ Fotos Pedro Quintana/ Maquillaje y pelo Maida Cardemil




"Siempre me ha costado definir qué es ser mujer para mí. Quizá ahora que fui mamá lo he entendido más, pero siempre me ha resultado algo muy natural. Si pienso en elegir mi profesión de artista, por ejemplo, no creo que hubiese sido diferente siendo hombre. Tal vez es porque ese lado que alguna gente ve como femenino en mi familia era masculino también. Mi papá es pintor y tiene un lado estético y sensible muy desarrollado, no es el típico hombre que juega fútbol, y eso que hace que yo no lo tenga identificado con la figura masculina tradicional. Me gusta que haya cosas que no tienen género, y nunca he sido de estar buscando permanentemente las diferencias entre mujeres y hombres, pero con la maternidad me di cuenta de que inevitablemente somos diferentes. Hay cosas de ser mujer que son ineludibles.

La maternidad fue un proceso largo y difícil porque nunca me imaginé lo implicado que estaba el cuerpo en esto y todas las limitaciones que tiene. Tiendo a ser muy inmediata para las cosas y este proceso me puso a prueba. Si bien mi trabajo requiere de mucha paciencia y me gustan los procesos -me encanta ver cómo crece una planta o cómo van creciendo mis obras-, fue muy loco verlo en mí y darme cuenta de cómo el cuerpo es capaz de hacer algo que la cabeza no sabe. Que uno no controla. Fue muy heavy ver cómo el cuerpo se transforma en esos nueve meses y después funciona solo para dar leche. Es impresionante ese poder creador y transformador que tiene el cuerpo.

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Enterito, MNG en Falabella, $49.900[/caption]

Las limitaciones físicas me generaron dificultades y temas que pueden ser muy tontos, pero que por primera vez me hicieron pensar en lo que se debe sentir siendo viejo. Sé que son cosas incomparables porque esas limitaciones se me iban a pasar cuando naciera mi guagua, pero sí me hice consciente de que estamos condenados dentro de lo físico. Caminar y cansarme hasta perder el aliento, o dormir incómoda, me hizo aprender a tenerme paciencia y a poner mi cuerpo a disposición de esto. Obviamente está toda la maravilla que trae la maternidad, pero tuve que aceptar que es un proceso lento. A veces uno quisiera ir más rápido y poder ponerse de nuevo sus pantalones saliendo de la clínica, pero me di cuenta de que hay que respetarse y dejar que el cuerpo haga lo que tiene que hacer. Para mí lo más importante ha sido aprender a ser amable conmigo, a perdonarme, a no ser tan crítica.

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Es impresionante darse cuenta de que todas las mujeres tenemos rollos, de que cada mujer tiene su propia lucha con la vanidad. Unas batallan toda su vida para ser rubias, otras con el tamaño, otras con los kilos. Yo mido 1,69 cm y ser alta fue un tema durante mi adolescencia. Me desarrollé antes que mis amigas y había un prejuicio con eso. A los once años no sabía ni para qué eran las pechugas, pero mi entorno les daba una connotación que actualmente pienso que yo no tenía por qué echarme al hombro. Los adultos te enseñan a taparte desde la buena intención de que no te pase nada, pero si no te lo explican lo empiezas a meter en la cabeza a alguien desde chica que tiene que esconder algo como si estuviera mal.

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Enterito, MNG en Falabella, $64.990[/caption]

En Chile muchas veces juzgamos mucho a la gente por el físico. Por ejemplo, se habla más de alguien por ser narigón que por pensar, hacer o decir ciertas cosas, siendo que su nariz no la eligió. Tiendo a ser muy exigente conmigo misma, creo que soy mi peor jueza. A veces pienso que uno se castiga mucho por cómo nos vemos, cuando la gente ni siquiera se da cuenta de si estás más gorda o más flaca o si te lavaste el pelo o no. Creo que si bien las mujeres somos así porque la sociedad nos ha enseñado a serlo, muchas veces nos tratamos peor que el resto. Me doy cuenta de eso cuando veo fotos; uno siempre se mira a una primero y en general encuentra que sale mal por alguna razón en la que nadie más se fijó, y eso nos puede llevar a unas obsesiones que no son positivas. Siento que la retribución a esa supuesta perfección no existe y que hay cosas que tienen retribuciones mucho más importantes que haber logrado verse bien. Es importante aprender a soltar eso".

Serena García (32) es mamá y artista visual dedicada al arte textil.

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Cartera, Amphora, $28.900. Pañuelo, Tricot, $7.990[/caption]

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Vestido, Ash, $39.990. Pantis, Monarch, $5.990[/caption]

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Chaqueta, Esprit, $76.990[/caption]

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Tapado, Wados, $39.990. Pollera, H&M, $24.990[/caption]

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Pantalón, Benetton, $52.990[/caption]

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Zapato, Agua de coco, $25.990[/caption]

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