Decidí no tener hijos por la crisis climática

De acuerdo a una investigación científica, la medida más efectiva para reducir nuestra huella de carbono en el mundo es tener un hijo menos. ¿Están las personas hoy cuestionándose sus decisiones de maternidad o paternidad a raíz del cambio climático? Todo parece indicar que muchos y muchas están en esa sintonía.




Con 18 años, Amanda Gálvez tomó una decisión que, cree, podría llegar a ser definitiva: No ser mamá. Como a muchos y muchas de su generación, los efectos devastadores del cambio climático la han hecho replantear esa opción. Y es que según el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) estamos en una situación crítica y a menos que las emisiones de gases de efecto invernadero se reduzcan de manera inmediata y a gran escala, limitar el calentamiento a cerca de 1,5 ºC o incluso a 2 ºC podría ser un objetivo inalcanzable.

“Esta emergencia te viene a decir que tal vez no existe un futuro. O es ambiguo. A partir de eso tomé causa”, cuenta Amanda que, hace 2 años, se unió como voluntaria al colectivo Fridays for Future Chile, una organización que originalmente fue fundada por Greta Thunberg en Suecia y que, por su éxito, comenzó a expandirse a lo largo del mundo. Esta militancia, sumada a su adherencia al movimiento feminista, hizo que en su cabeza comenzara a gestarse la idea de no tener hijos.

Amanda Gálvez

“Traer a alguien al mundo significa una contaminación tremenda. Si a mi hoy me causa angustia pensar en que mi futuro es ambiguo, no puedo pensar en el futuro de un otro. Eso significa que esa persona nueva no va a vivir una vida tranquila, porque ni si quiera se sabe si el planeta va a ser habitable. Hoy muchas niñas sufren en zonas de sacrificio y no viven una vida digna. ¿Sabemos cómo eso puede evolucionar en el futuro? Por ahora no. Entonces la incertidumbre que genera la emergencia hace que sea difícil para nosotros proyectarnos a largo plazo”, sostiene.

Ese planteamiento representa el sentir de una generación despierta, preocupada y sensible que hoy se plantea estas interrogantes. Amanda cuenta que entre sus amigos y compañeros este tema ha surgido en las conversaciones, y que varios mencionan a la crisis climática como motivo para no ser madres o padres. Y es que en un estudio global dirigido por la Universidad de Bath, y coordinado con otras cinco instituciones -entre ellas, la Universidad de Stanford y la Universidad de Helsinki- 4 de cada 10 jóvenes declaró tener dudas sobre si tener hijos o no, a raíz de esta emergencia global. Además, más del 75% de los encuestados sostuvo que el futuro es aterrador, casi el 60% aseguró sentirse preocupado o extremadamente preocupado por la situación del clima y más del 45% consideró que sus sentimientos respecto del medioambiente llegaban a afectar su vida diaria.

Así, esta decisión de maternidad o paternidad se cruza con el fenómeno de la ecoansiedad que, según explica la psicóloga clínica Macarena Venegas, es el estrés emocional, mental o somático en respuesta a los peligros del cambio climático. Ese estado no solo desencadena reacciones emocionales inmediatas -como puede ser la pena, el miedo o la rabia-, sino también cuestionamientos existenciales que remueven creencias arraigadas culturalmente y que permiten pensar sobre los límites de la trascendencia humana. “Quienes más se están haciendo estas interrogantes es el segmento etario joven porque son los que más experimentan hoy el miedo o incertidumbre del cambio climático. A eso se suman los avances en relación a temáticas de la mujer y derechos sociales que generan espacios propicios para hacernos preguntas sobre cómo queremos vivir nuestra vida en el futuro y si queremos o no ejercer una maternidad o paternidad en un contexto así. Los más jóvenes se están dando cuenta que son ellos los que van a tener que enfrentar estos procesos y, por eso, están transformando la forma en la que estamos acostumbrados a pensar la vida”, sostiene Venegas que, además, trabaja con activistas en el tema medioambiental.

Una conversación intergeneracional

Los 25 años que separan a Amanda Gálvez de la ingeniera comercial Pamela Bravo (43) no se notan cuando ambas hablan de la crisis climática y sus definiciones personales.

En el caso de Pamela, decidió no ser madre hace varios años atrás y aunque no recuerda qué fue lo que la movilizó en un primer momento, hoy afirma con convicción que se trata de una puerta que está cerrada. Esa idea que partió como algo intuitivo, con el paso del tiempo se ensambló a su amor por el medioambiente, una causa que desde 1995 lleva como cruzada personal y que empezó a practicar mediante el reciclaje. “Si hay que dejar una huella, esa es la mía y no es de carbono”, cuenta. Hoy además, hace charlas, asesorías y clases sobre el tema, y tiene un negocio donde vende productos ecológicos (@compostera.cl).

Pamela Bravo

En este afán por concientizar a la comunidad, Pamela ha contado abiertamente su postura de no querer tener hijos para cuidar al Planeta -una de esas instancias fue en su podcast Mueve la Fecha, pero esa determinación, que siente tan suya, le ha traído múltiples cuestionamientos sociales. “En términos ambientales, una persona es una huella y eso no podemos negarlo. Si tú dices ‘voy a tener hijos en modo ecológico’, igual los niños y niñas tienen que vestirse, comer o usar mamadera. Todo eso implica plástico. A medida que crecen, van a necesitar celular o computador, y no siempre vas a poder hacerlo de manera amigable. Por eso decidí no tener hijes. Sé que es una decisión distinta y muchas veces me miraron feo o me dijeron cosas pesadas. Es ingrato porque creo que no se entiende el pensamiento”.

Esa decisión que puede parece rara en Chile, en el mundo no lo es; a fines de 2018 se fundó el movimiento Birth Strike o Huelga de Nacimiento, cuyo objetivo es conectar a mujeres a lo largo del mundo entorno a la idea de no ser madres ante el colapso inminente del planeta. Una renuncia personal, propuesta como mecanismo de reivindicación política y medioambiental ante un sistema que no ha sido capaz de responder frente a la emergencia del clima. Birth Strike fue fundado por la británica Blythe Pepino, ex cantante del grupo Vaults, que en conversación con el medio británico The Guardian, asegura que se dio cuenta que varias personas estaban luchando con esta pregunta, pero que tenían miedo a ser ridiculizadas por hablar o plantearse esto como una opción de vida.

Sin embargo, hacerlo tiene sentido a la luz de los datos. Según una investigación realizada en 2017 y publicada en la revista científica Environmental Research Letters, la medida más efectiva para reducir nuestra huella de carbono en el mundo es tener un hijo menos. Un impacto que supera al que podríamos hacer, incluso, viviendo sin auto o evitando los vuelos en avión. Así, por cada persona menos que llega la mundo, las emisiones de dióxido de carbono (CO2) se reducen en 58,5 toneladas al año.

Esa información, la escritora y periodista Ignacia Godoy (28) la tiene clara en su cabeza. Su interés por el medioambiente comenzó hace cuatro años cuando se dio cuenta del daño que hace la industria ganadera a la naturaleza y al clima. Desde entonces, es vegetariana y, poco a poco, ha ido cambiando sus hábitos para hacerse una persona más sustentable. En este proceso -y al igual que Amanda y Pamela-, la reflexión de la maternidad no tardó en llegar: “Nunca he estado interesada en tener hijos personalmente, y después de darme cuenta que el mundo se está deteriorando, entiendo que tener un hijo puede ser un acto egoísta en los tiempos en los que estamos viviendo. Sé que puede sonar duro para quienes sí quieren la maternidad o paternidad, pero pensar solo en el deseo y no en un bien colectivo es complejo porque ni siquiera nosotros sabemos si vamos a tener un futuro seguro”, sostiene. Por eso, Ignacia cree que, en caso de querer ser madre en algún momento de su vida, optaría por adoptar a algún niño o niña que esté dentro del sistema del Sename.

Ignacia Godoy

Para la psicóloga Macarena Venegas, es clave que como sociedad, empecemos a validar la razón climática para no tener hijos. Primero, porque se trata de una decisión personal, pero también porque hay que entender y acoger los sentimientos de miedo o desesperanza que se desencadenan frente a un contexto de incertidumbre. “Es relevante pensar en la crisis ambiental como otro factor más que se puede incluir en la lista de las condiciones propicias para maternar o paternar. Probablemente, eso hoy es un mínimo para traer a hijos o hijas al mundo. Ahora, más allá de inclinar la balanza, porque eso depende de ponderaciones personales, se le debe dar la importancia necesaria desde el momento que el cambio climático nos interpela respecto al futuro y la maternidad nos lleva a ese espacio. Se trata de un factor nuevo más al momento de pensar en traer personas al mundo”.

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Aunque se trata de una investigación básica realizada en ratones, el científico que dirige el estudio, Baptiste Piqueret, asegura que los resultados "son prometedores".