La incertidumbre es la primera emoción del desconfinamiento




Cuando usted se imagina en un retorno a la actividad, ¿cuál es la emoción o sentimiento que mejor la o lo representa? Esta fue una de las preguntas que contestaron cerca de 600 personas en la octava medición que hizo Ipsos Chile durante la pandemia del oronavirus. Un 63% de los encuestados contestó que el retorno les provoca incertidumbre. Luego aparecieron sentimientos como esperanza (56%), alegría (34%) y miedo (26%). Según la coach de la consultora Dinámicas Humanas, Marcela San Vicente, esta mezcla de emociones es normal en un contexto como este. “Al recibir las primeras noticias sobre los términos de las cuarentenas, podemos sentir alegría porque llevamos mucho tiempo esperando esa noticia, pero es normal que por otro lado sintamos miedo y la incertidumbre por no saber qué va a pasar, porque el virus sigue presente, no existe aún una vacuna”, explica.

De hecho, en la medición de Ipsos, un 60% de los encuestados cree que es muy pronto para pensar en un retorno a la actividad, un 64% cree que las clases presenciales deberían retomarse recién el año 2021 y respecto al regreso a la vida laboral presencial, un 64% considera que se debería retomar en el último trimestre del año. “Esta ha sido una experiencia nueva para todos, y partiendo de ese punto, hay que entender el fenómeno que está ocurriendo como algo nuevo y por tanto incierto. Y esta incertidumbre es la que nos genera el malestar y ansiedad como síntoma asociado”, explica el psiquiatra de adultos de Clínica Vespucio y Cosam, Pablo Martínez. Agrega que, además, es probable que cada vez que se entreguen nuevas indicaciones –como activación de cuarentenas o cambios de fases de desconfinamiento– se pueden reactivar ciertos miedos. “Por eso es relevante entender esto como un proceso largo en el que las rutinas van a seguir cambiando. Los trastornos adaptativos ocurren cuando se producen eventos que cambian fuertemente la rutina de las personas y eso genera sintomatología como ansiedad o estrés”.

Y es que son muchos los aspectos de la vida que se modificaron con esta pandemia. “Está el miedo al contagio, pero también perdimos certezas relacionadas con el trabajo, con lo económico. Actualmente no sabemos si vamos a disponer de los recursos necesarios para sostener la vida que teníamos previo a la pandemia. Incluso quienes mantienen el trabajo pueden tener dudas como hasta cuándo o si mantendrán el mismo sueldo”, dice Marcela, y explica que con todo esto el mundo emocional se comienza a expresar y sería bueno que lo exploráramos y reconociéramos como algo inherente al ser humano. “Es verdad que la pandemia ha exacerbado ciertas emociones, pero constantemente vivimos sentimientos y muchas veces los ignoramos, no sabemos reconocerlos. Creo que es clave que nos preguntemos cuál va a ser la mascarilla o el alcohol gel que nos va a proteger de lo que estamos sintiendo”, agrega.

Según ella, tiene que ver primero con reconocer la emoción. “Naturalizar lo que sentimos y aprender a identificarlo. Porque pasan cosas a nivel físico también que son señales, como cuando siento miedo y se me aprieta la garganta o la guata. Es información que tengo que tomar en cuenta como una manera de cuidarme”, dice. Y luego lo que viene es socializar. “Estamos todos en la misma situación, independiente de las realidades de cada uno, hay algo en común que nos acerca. Por eso deberíamos entender que la manera de afrontar esto, incluso desde el punto de vista emocional, es la colaboración. Socializar y compartir lo que nos pasa baja la intensidad de la emoción y me humaniza con el otro, me hace igual”, explica Marcela.

Por último, es necesario descargar esa emoción, y para eso hay técnicas como ciertos ejercicios corporales a los que debemos agregar consciencia e intención. “Hay que gestionar la emoción, por ejemplo, trabajar el miedo y armarnos de coraje para salir a la calle, si es que eso nos produce temor. Y en ese ejercicio obviamente tener los resguardos necesarios que nos permitan evitar el contagio”, dice San Vicente. Y dentro de lo posible, hacer rutinas. “Introducir ejercicio físico, ojalá algún tipo de meditación; evitar caer en excesos de consumo de sustancias. Son todas recomendaciones que disminuyen el riesgo a afectar la salud mental por todos los cambios que estamos viviendo”, agrega Martínez. Finalmente –dice– considerar nuestro lado emocional es ser también responsables con nosotros mismos.

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