La inusual Mafalda




Desde que tengo uso de razón Mafalda es parte de mi vida. Mi mamá era fan, así que desde siempre estuvo en mi casa la colección completa, tanto los tomos separados como un libro gigante que era la recopilación de todas las ediciones.

En 1964, el dibujante argentino Quino creó un personaje inusual, una niña a la que conocemos cuando tiene cuatro años y de la que podemos seguir su vida hasta que llega aproximadamente a tercero básico. Mafalda fue siempre querida por adultos y niños, y yo soy un ejemplo de eso.

Evidentemente, a mis siete años no estaba al tanto de los conflictos de la Guerra Fría y la tensión internacional, pero sí sabía lo que era tener un hermano chico, tal como Mafalda con Guille. Tampoco entendía los problemas de la sobre población china (no como ella, que se cuestionaba qué pasaría si todo ese país decidiera saltar al mismo tiempo), pero podía relacionarme perfectamente con su odio parido a la sopa.

No estaba al tanto de los vaivenes del dólar, pero sí me daba risa lo amarrete de su amigo Manolito. También fue con Mafalda que entendí que los Beatles eran bacanes y no sólo unos músicos muy famosos. Incansable luchadora por la justicia -ya sea defendiendo al planeta de la humanidad completa o a su soñador amigo Miguelito-, soñaba con ser traductora de la ONU para ayudar a la paz del mundo.

Fue una adelantada en muchos temas. Feminista (siempre tratando de hacer entender sin éxito a su amiga Susanita de que existe algo más que ser mamá) y muy consciente de la importancia del deber ciudadano y el cuidado del medioambiente, es de los personajes más queribles que he conocido en mi vida. Porque, a mi parecer, nada más insoportable que esos niños con aires de adulto. Y Mafalda no era así, ella era una niña, pero una niña pensante y sensible.

Fan número uno del Pájaro Loco, curiosa, generosa, idealista, gran amiga, rápida e ingeniosa, cautivó a personajes tan importantes como Julio Cortázar, que alguna vez dijo: “No tiene importancia lo que yo pienso de Mafalda. Lo importante es lo que Mafalda piensa de mí”. Si nunca han leído a Mafalda, este es el momento perfecto para hacerlo. En una época caótica que da pie a la reflexión, sus historias mantienen su gracia y su peso sigue siendo tan liviano como poderoso.

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