Me fui a vivir con mi novio a un país musulmán

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Nuestra historia la comenzamos a construir hace poco más de tres años, cuando ambos coincidimos en París en la casa de unos amigos en común. Yo había elegido esa ciudad para perfeccionar mi francés mientras trabajaba como Au Pair (niñera). En paralelo, él había terminado la universidad y buscaba trabajo en su Francia natal. 

Cosas que aprendí: los marroquíes dejan las demostraciones de cariño para la intimidad del hogar. En público, en cambio, mantienen la distancia entre hombres y mujeres; las parejas no se toman de la mano ni se besan. El alcohol está prohibido y hay hombres que se sienten con el derecho a seguir o hablarles a las mujeres en la calle cuando las ven caminando solas. Una conducta que nosotros hemos ido superando en Latinoamérica y Europa, pero que en algunos lados sigue siendo aceptada. 

María Jesús Satta es administradora de empresa y negocios internacionales y actualmente trabaja como profesora en un colegio de Agadir.

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