Cinco artistas mujeres que han creado en tiempos de crisis

Muchas fueron olvidadas en la historia de las artes visuales, pero las que lograron hacerse un lugar y destacar han dejado una huella imborrable con su activismo y compromiso social. Quisimos destacar a cinco mujeres artistas –algunas contemporáneas, otras fallecidas– del siglo XX, cuyas obras con carga política, social y feminista demuestran que el arte puede estar al servicio de la humanidad en tiempos de crisis.




Gina Pane (1939-1990, Francia) fue una artista performática comprometida con la crítica a la violencia, a las problemáticas sociales, sexuales y amorosas de las mujeres y al daño medioambietal del sistema capitalista. Y utilizó su corporalidad como herramienta política de arte. Las acciones y heridas que ella misma se infligía pretendían despertar al público de su pasividad y su ensimismamiento y generar cuestionamientos sobre el dolor y la fragilidad del mundo. Su cuerpo biológico, decía, era un cuerpo social. En su primera performance Gina Pane asciende con los pies desnudos por una escalera metálica con escalones llenos de acedados dientes. “Denominé la acción Escalade non anesthesiée para protestar contra un mundo en el que todo está anestesiado. La guerra de Vietnam continuaba y mi obra tuvo una clara dimensión política”, decía.

Diamela Eltit (1947, Chile) es más conocida como escritora y feminista, pero dentro de las artes visuales también tuvo un papel muy relevante. En 1979, junto a Juan Castillo, Lotty Rosenfeld y Raúl Zurita creó CADA (Colectivo de Acciones de Arte). Hacían intervenciones en el espacio público con imágenes que cuestionaban las condiciones de vida que se vivían en dictadura, con el deseo de generar un cambio político. En su primera acción Para no morir de hambre, entregaron bolsas de medio litro de leche a habitantes de la comuna de La Granja, luego pidieron de vuelta las bolsas y se las entregaron a artistas, que las utilizaron como soporte para hacer obras. Otra acciones consistieron en lanzar cientos de panfletos desde el cielo con mensajes sobre arte y política, intervenir el Museo de Bellas Artes o rayar las paredes de Santiago con la frase “No +” –que derivó en que desconocidos completaran la oración con “desaparecidos”, “muerte”, “tortura”.

Clemencia Lucena (1945-1983, Colombia), fue una artista que desde sus inicios asumió su arte como una forma de acción política social y feminista. En 1971 se unió al Movimiento Obrero Independiente Revolucionario (MOIR), fundado en la ciudad de Medellín, cuyo objetivo era generar una revolución socialista en medio de la represión política hacia el pueblo. Como artista creía que el arte estaba destinado a la clase obrera y campesina, pero aún así buscaba exhibir mensajes directos y políticos en todas las esferas posibles, desde galerías y bienales hasta la prensa y la calle. Una de sus obras más importantes es Educación revolucionaria, una litografía con más de 1000 copias que fueron distribuidas en distintas zonas urbanas. En ella un hombre campesino con sus herramientas de trabajo, rodeado de niños, lee en voz alta un libro en cuya portada se ve la sigla de su partido MOIR.

Tania Bruguera (1968, Cuba) es una artista conceptual y de performance que desde sus inicios ha utilizado el arte como herramienta activista. Aunque nació en el seno de una familia comunista, ha sido desde sus inicios crítica al totalitarismo. En su serie performática Memoria de la Postguerra (1993) Tania presenta un periódico independiente como obra de arte que busca convertirse en un foro para la discusión de temas no autorizados en Cuba, en medio de la la migración masiva de artistas plásticos hacia el extranjero. En el año 2000 fue sancionada por presentar un trabajo en donde cuestionaba las políticas de encarcelamiento del gobierno y en diciembre de 2014 fue arrestada por una performance en donde había un micrófono abierto donde los ciudadanos podían opinar sobre la decisión de Obama y Raúl Castro de deshielo en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. “No he perdido la fe en las ideas de justicia social de los primeros años de la revolución, pero he tenido muchas decepciones. La prioridad de la revolución no han sido los cubanos, sino su imagen internacional”, dice Tania sobre su postura política.

Gerda Taro (1910-1937, Alemania), fue una fotógrafa que vivió las grandes guerras de Europa desde su oficio como artista documental. Cuando tenía 24 años se enamoró del fotógrafo Endre Erno Friedman, quien la sumergió en el mundo de la fotografía. Juntos inventaron el seudónimo Robert Capa, un supuesto fotógrafo estadounidense que rápidamente agarró prestigio en los diarios y revistas, y comenzaron una vertiginosa carrera como foto reporteros de guerra. Tras un distanciamiento entre ambos, Friedman se apoderó del seudónimo y Gerda se vio obligada a inventar otro donde se ocultara su nombre femenino: temía que su trabajo perdiera valor. Como Photo Taro trabajó hasta su muerte en 1937. Mientras cubría la guerra civil española, fue atropellada accidentalmente por un tanque de los republicanos, el bando que ella apoyaba. En sus fotos destacó mucho el rol de las mujeres milicianas. Una de sus fotos más conocidas es el retrato a una republicana entrenando con su arma.

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