Community, una comedia para reír en tiempos de crisis

Sin caer en el humor burdo, esta serie es divertida e inteligente, y para los fanáticos del cine puede ser una invitación a reconocer y revivir películas y series clásicas de la cultura popular.




Desde que estamos en cuarentena, y con el objetivo de poder, a veces, salir del sentimiento de pena que siento, incorporé a mi rutina ver al menos un capítulo al día de la serie de Netlfix Community. Y la verdad es que me ha hecho bien. Descubrí que el humor –cuando me gusta– me distrae, me relaja y me ayuda a estar más ligera en tiempos densos.

En general no soy muy fan de la comedia, sobre todo la sitcom gringa, pero considero que esta es una excepción. Creada por Dan Harmon –la mente tras Rick and Morty– entre 2009 y 2015, pero estrenada en Netflix recién en abril de este año, Community trata de un grupo de amigos de distintas edades, realidades sociales e inquietudes que generan un núcleo familiar en una universidad comunitaria llamada Greendale, que es más bien un lugar donde los estudiantes pueden pasar años perdiendo el tiempo con materias inservibles.

Los primeros capítulos pueden parecer de una sitcom clásica, con iluminación pareja, un grupo de amigos tipo Friends que sortea diferentes aventuras junto a un guapo charlatán y una rubia inteligente, pero a medida que avanza va quedando claro que esta es una serie de culto que no pretende hacer humor solo porque es un género popular: hay detrás una estudiosa y pensada manera de hacer comedia. Community constantemente comenta sobre su clase, sobre el hecho de ser una serie y en ese sentido es muy metalingüística. De hecho, los personajes todo el tiempo comentan “lo meta” que son algunas situaciones, como cuando uno de los personajes hace un documental sobre ellos.

Pretende hacernos reír de forma inteligente, al mismo tiempo que pensamos y hacemos conexiones con clásicos del cine y de la cultura popular, con el feminismo, con la adicción al celular –en tiempos donde recién comenzaban a usarse los smartphones–, con el avance de la tecnología, el racismo, la homofobia y el imperialismo de Estados Unidos. Muchos capítulos hacen referencia explícita a otras series o películas, convirtiendo a sus protagonistas en personajes reconocibles del cine o citando escenas y diálogos. Otro elemento interesante es cómo en varios capítulos crean universos fantásticos –tal como Dan Harmon hace en Rick and Morty– en donde los personajes se convierten en un video juego, en figuras de stopmotion o dibujos de cómic.

Pocas veces me he reído tanto viendo una serie y creo que es porque disfruto mucho el humor absurdo que plantea, la capacidad de soñar y de convertir en grandes historias situaciones pequeñas y ridículas que ocurren en una universidad llena de fracasados. En Community todo puede ser más grande, todo puede tomar un carácter extraordinario hasta llegar a convertirse en un realismo mágico con códigos que aparecen en un capítulo y al siguiente desaparecen como si nada.

En este sentido, Dam Harmon logra algo extraordinario: nos convierte, a los espectadores, en cómplices de su ingeniosa máquina de creación y nos hace aceptar –y desear– hasta la idea más absurda y descabellada que se le ocurra. Creo que es esa complicidad, ese pacto implícito que confirma que todo puede volverse de un momento a otro más disparatado aún, lo que causa tanta gracia y permite desconectarse un rato del encierro.

Community nos invita a ser niños, igual que sus personajes, y nos recuerda esos juegos que teníamos con nuestros amigos, cuando creábamos mundos imaginarios y creíamos en la capacidad de ser otras cosas, otros personajes, otros seres. Esa posibilidad de devenir, de poder capturar otros códigos, de transformarnos en lo que queramos sin cuestionamiento y siempre con humor, es la invitación que nos hace en los 20 minutos que dura cada capítulo.

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