Populistas y tiranos

30 de Octubre del 2018/VALPARAISO Fotografias de la Fachada del Congreso Nacional de Valparaiso, tomada desce la punta del Molo. FOTO: RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO




Las últimas mociones parlamentarias nos vuelven a confirmar la grave decadencia que ha sufrido una de las instituciones políticas más relevantes: el Congreso. Tanto el proyecto de ley que busca alargar el posnatal como el que permite retirar el 10% de los ahorros previsionales son regresivos. La política del posnatal en su diseño es regresiva, pues termina beneficiando más a quienes tienen más. Se suele defender su carácter universal, argumentando que el Estado debe proteger a todos los niños. Pero si lo que se busca es la protección de los lactantes, ¿por qué el Estado entrega a unos 13 mil pesos y a otros un millón mensual? Lo más insólito es que son los niños más pobres quienes reciben 13 mil pesos, mientras que los de las familias más ricas reciben un millón. Pero eso no es todo, del total de beneficiarios de la ley posnatal, el 33% pertenece al quintil de mayores ingresos, mientras que solo el 10% pertenece al quintil de menores ingresos, cuando sabemos que el quintil más pobre tiene significativamente más hijos que el de mayores ingresos. Si miramos cómo se distribuye la ayuda del Estado, observamos que, del total del costo de esta política, 54% se va en financiar a los niños pertenecientes al quintil más rico, mientras que solo el 11% llega a los niños del quintil más pobre. Como si esto fuera poco, la moción parlamentaria no se hace cargo de las familias con niños menores de seis años, que están siendo igualmente afectados por la pandemia.

Algo similar ocurre con las propuestas que permiten retirar ahorros previsionales con cargo al Estado. Estas propuestas son un claro ejemplo de una política con rentabilidad individual positiva, pero social negativa, de ahí que sean populares. En primer lugar, estas propuestas favorecen más a los trabajadores dependientes, que tienen más ahorro en la AFP y son menos afectados por la pandemia que los trabajadores independientes. En segundo lugar, la baja densidad del ahorro no permite a la gran mayoría de las personas obtener un monto significativo para hacer frente a la pandemia; el 50% de los cotizantes podría retirar menos de 400 mil pesos si el límite fuera el 10% de sus ahorros. En otras palabras, el beneficio individual para la mayoría de los cotizantes es bajo, pero el costo para el Estado es alto, pues además de beneficiar a más personas de las que lo necesitan, uno de los proyectos obliga al Estado a endeudarse a UF + 4%, cuando este tiene la posibilidad de hacerlo a UF + 0%. En tercer lugar, estas propuestas benefician desmedidamente a los más jóvenes con altos ingresos, que en su corta vida laboral han podido ahorrar algo menos de 20 millones y, por lo tanto, pueden retirar el 10% de sus cotizaciones con cargo al Estado sin que realmente las necesiten. Estos jóvenes tienen el mismo beneficio que el trabajador de 50 años de sueldo mínimo, que después de décadas de esfuerzo ha ahorrado lo mismo que ellos. De hecho, el Estado gastaría en promedio 12 veces más dinero en alguien del decil más rico que en alguien que pertenece al decil de menores ingresos. Como si fuera poco, estas propuestas también benefician a los más ricos. Si bien el Estado no les devuelve el monto retirado a quienes tienen más de 20 millones de pesos ahorrados, estos sí pueden retirar el 10% sin pagar los impuestos correspondientes. Para que se hagan una idea, dos tercios del fondo de ahorros previsionales pertenece al 15% de los cotizantes.

Mientras el presidente de Renovación Nacional se asusta de la desconexión con la realidad de un sector de la élite, que considera populista estas iniciativas, yo me asusto de la desconexión con la realidad de quienes promueven estas medidas. Pero aún más grave que el mal uso de los recursos fiscales es el afán de los parlamentarios por hacerse de más poder, usurpando atribuciones del Poder Ejecutivo, sin respetar los límites que la Constitución les impone en protección de la democracia. Como decía Montesquieu, “no hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia”.

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