Nuestras lectoras preguntan: La preocupación por el medio ambiente se me fue de las manos

El tema medio ambiental al fin es parte importante de la agenda a nivel mundial y todo indica que los esfuerzos por llevar una vida más sostenible seguirán en aumento. Y mientras cada vez resulta más habitual y masiva la incorporación de hábitos como el reciclaje o el compost, por nombrar algunos; también lo es la ansiedad que provoca la impotencia de no poder hacer más y el miedo del futuro, sobre todo en los más jóvenes. Este fenómeno ha ido en alza en los últimos años y los expertos lo bautizaron como ecoansiedad.




LA PREGUNTA:

Siempre he tenido mucha conciencia ambiental e intento llevar una vida lo más sostenible posible, pero con la pandemia algo se detonó en mí y me volví muy estricta y ansiosa sintiendo que el planeta va a colapsar. Cambié mis hábitos radicalmente, pero eso ha traído repercusiones en mi forma de relacionarme con los demás. Me genera mucha angustia que una persona no recicle o no se preocupe del medio ambiente, a veces hasta me despierto en la noche con pensamientos así, en estos años me he aislado más y esta preocupación constante comenzó a afectar mi día a día. Googleando llegué al concepto de ‘ecoansiedad’. No sé si eso es lo que me pasa a mí, pero no sé cómo salir de este estado de alerta/desesperación y sacarme la sensación de no poder hacer nada para mejorar nuestra situación ambiental”.

Isidora, 28 años.

LA RESPUESTA:

La ecoansiedad es un concepto bastante nuevo dentro de la psicología, del cual se comenzó a hablar recién en 2017. La Asociación Americana de Psicología lo define como “el temor crónico a un cataclismo ambiental y el estrés causado por observar los impactos aparentemente irrevocables del cambio climático, así como la preocupación ante el futuro propio y el de las futuras generaciones”. Sin embargo, aún no aparece registrado en ningún manual de salud mental.

“La pandemia empeoró los índices de salud mental y las personas andan más ansiosas, aumentó la depresión... Todo eso hace que estemos más inmersos en un funcionamiento de supervivencia, lo que aumenta la ansiedad. Hace años que la ecoansiedad viene en alza, porque hay más consciencia de lo que está pasando (con el planeta). La pandemia quizás contribuyó a incrementar esa sensación, porque al pasar más tiempo en redes sociales hay más acceso a la información que está dando vueltas y, en ese sentido, es importante también regular el acceso que tengo a la información, porque hay de sobra. El punto es cómo hacemos que esa información sea saludable”, reflexiona el psicólogo transpersonal y profesor de la Universidad Adolfo Ibañez, Felipe Landaeta (@felipe_landaeta).

Recuperar el equilibrio

La tecnología y las redes sociales nos han permitido ver cosas que antes permanecían en la invisibilidad, por lo tanto, no es extraño que nos afecte emocional (y a veces físicamente) lo que vemos. “Es importante validar la reacción emocional y somática frente a lo que está pasando en el mundo, porque es una respuesta respecto a un trauma global. Por lo tanto, el cuerpo igual entra en un estado de alerta. Es por ello que todas las prácticas de autorregulación como el grounding, yoga, meditación, pasar tiempo en la naturaleza, etc., ayudarán a recuperar el equilibrio”, recomienda Landaeta.

En estos casos, y sea cuál sea el motivo que detona la ansiedad, es importante detenerse a revisar las creencias y cargas emocionales que pueda estar sosteniendo la persona. “Yo invitaría a esta mujer a revisar cuáles son las creencias que tiene respecto a su responsabilidad por lo que está pasando, porque pareciera que ella siente que tuviera que resolverlo por su cuenta. Entonces, la recomendación es que ella tome responsabilidad de una partecita, y, por ejemplo, si lo que busca es generar consciencia, quizás puede apoyar generando contenido, cápsulas educativas, organizar reuniones en su comunidad, armar una huerta o un compost… hay muchas acciones que se pueden realizar en comunidades pequeñas y que además contribuyen a generar sentido”, sugiere el psicólogo.

Aprender a pedir ayuda es clave. “El punto crítico para saber cuándo hacerlo es en el momento en que la ansiedad por este tema o cualquier otro se te va de las manos y tu vida se trastoca. No puedes hacer bien tus actividades, o no puedes dejar de pensar en esto y es algo que realmente afecta tu funcionamiento”, asegura.

Salir del aislamiento

La ansiedad es un estado que lleva a la persona a aislarse y pasar más tiempo en soledad. Pero no debemos olvidar que los seres humanos somos gregarios y necesitamos de los vínculos para estar mejor. “Socializar es un mecanismo de regulación emocional y la soledad frente a esto es algo que se debiera reducir. Lo que yo veo en esto que cuenta la lectora es que ella no soporta que otros no reciclen o no hagan esto, pero esto forma parte de su ansiedad de querer controlar y reducir el impacto. La forma de generar un impacto social es conversando, compartiendo, educando… pero no podemos lograr que hagan lo que queremos y ese es el punto que hay que aceptar”, concluye el especialista.

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.

Bautizado como CyberOne, el robot puede detectar emociones y caminar a 3,6 kilómetros por hora, y está dispuesto a competir con el Optimus de Tesla.