Hace 30 años, Paulina Villarroel (52) descubrió que los niños que vivían en condiciones marginales en la población Digna Rosa, de Cerro Navia, solo podrían sanar sus dolores con la ayuda de su propia comunidad. En ese tiempo, el país estaba en plena transición a la democracia y ella estaba terminando sus estudios de educación parvularia en la Universidad Católica. En una salida a terreno con sus compañeros, se topó con pobladores que reclamaban que sus niños no tenían la misma calidad de educación que la de los sectores más acomodados. Ahí fue cuando lo decidió: si quería ser parte del cambio, iba a tener que aventurarse a trabajar en un verdadero desafío educativo.

Ese mismo año, en 1992, fundó el jardín Montessori “Tricahue” en la comuna de Cerro Navia, donde hasta hoy se dedica a formar niños con una base personalizada y cien por ciento enfocada en su bienestar emocional. Fue una de las cinco finalistas del Global Teacher Prize Chile en 2018, y es cofundadora de la Red de Centros de Educación Comunitaria que busca que tanto niños como adultos entiendan y desafíen los círculos marginales –y muchas veces, de violencia– en los que se encuentran involucrados.

“Me titulé, empecé a estudiar la especialización Montessori y con una amiga partimos el sueño de levantar un jardín infantil enfocado en una educación plena, donde lo emocional fuese protagonista. Sentíamos que no iba a ser posible si no lo hacíamos con las personas del entorno, y descubrimos que si se involucraban se producía un cambio en la vida de un niño, que sin haber cumplido los seis años ya está profundamente dañado por la pobreza y la falta de un espacio familiar”, cuenta, mientras reflexiona sobre cómo entregar una fórmula que permita aplicar a un país entero lo que aprendió durante todos estos años sobre la superación de las condiciones más difíciles de la vida y el camino hacia la enseñanza socioemocional.

Su estrategia es una que, nuevamente en una crisis social, podría ser el cambio. Una encuesta de Elige Educar hecha a más de siete mil docentes, educadores de párvulos y directivos chilenos, revela que el 97% considera que es importante asegurar el bienestar de los alumnos por sobre las exigencias y que el 73% cree que se convertirá en un pilar emocional para los estudiantes cuando vuelvan a las clases presenciales.

Es por esto que se necesitarán herramientas para enfrentar los shocks emocionales que está viviendo la primera infancia, pero no solo en el contexto de pandemia, sino que “durante toda la vida, que no solo consta de adversidades marginales o crisis sociales, sino también de oportunidades para preparar a los niños a ser dueños de sí mismos y no caer presos de sus emociones en cualquier contexto”.

Cualquier adulto puede ser un educador emocional

“Al principio, tener el sueño de crear un espacio educativo libre, que pretendía acoger a 20 niñas y niños en una población de Cerro Navia, parecía loco. Literalmente tuvimos que partir levantando los muros de una mediagua donde recibiríamos a los pobladores, así que decidimos invitarlos a participar de la construcción del jardín. La idea era que ellos pudiesen ver y sentir cómo se construía un hogar, un lugar seguro. Cuando terminamos, pensar en seguir con el proyecto sin la comunidad fue imposible, así que partimos por enseñarle a todas las madres y padres que la educación que estábamos tratando de darle a sus hijos tenía que estar en sintonía con lo que pasaba en sus casas.

Hoy, 30 años después, quienes trabajan en el jardín son madres de la comuna en su gran mayoría, que se especializaron en educación parvularia y método Montessori. Y es que al final, el sueño revolucionario no solo era tratar de entregar educación en un lugar a niños con tremendos desafíos emocionales por sus condiciones de vida, sino que hacer que todos se integraran para lograrlo.

Empezamos a trabajar fuertemente en un ambiente sanador y potenciador, que pudiese significar un vínculo afectivo para que el niño se sintiera plenamente amado, con los adultos de su entorno cumpliendo un rol educadores emocionales, algo que todos pueden llegar a ser. Pero ojo, porque cada educador, sea de párvulo, de colegio, universidad, madre, padre o familiar, va a tener que hacerse cargo de su vida y de su historia para contener a otro”.

La fórmula para el balance emocional es el auto control, pero eso no se logra sin un guía

“Los niños no pueden aprender bien si no tienen un balance emocional inclinado hacia la felicidad, y la idea de entregar una educación plena es educarlos para su propia libertad de llevar a cabo el proyecto de vida que escojan. Muchas veces no tienen el lenguaje para decir qué les pasa y ahí nuestra tarea es ser buenos intérpretes de su cuerpo, de su rostro, de sus gestos y actitudes. Ellos nos hablan en todo momento y uno como interlocutor tiene que hacer una buena traducción para empezar a sintonizar.

Así, hay que sincronizarse con las necesidades particulares de cada uno. Los niños que están en la etapa de los 0 a los 5 años están haciendo un proceso fundante en el tema de las emociones primarias: el miedo, la rabia, la calma y la contestación. Pasan de ellas de un segundo a otro, por lo que necesitan aprender un balance emocional que al principio será guiado, para transformarse en uno auto-controlado. Son los adultos los que regulan ese ambiente y la base es descartar totalmente el abandonar a un niño que está teniendo un desbalance emocional –­como dejarlo en una pieza encerrado hasta que se le pase–. La contención debe existir y eso no necesariamente es sinónimo de un abrazo, porque puede que no lo quiera.”

Esta pandemia ha sido un maestro severo

“Y si no aprendemos la lección, aunque tengamos una vacuna, nos volveremos a enfrentar a esta enfermedad social que nos dice que estamos al debe con los derechos de la primera infancia. Si hay algo para lo que ha servido este tiempo, según lo han verbalizado nuestros niños y niñas, es que la cuarentena les ha dado una felicidad en poder estar con mamá o papá en la casa. Tenemos una necesidad real de tiempos humanos y nuestra sociedad está centrada en un trabajo que no contempla la vida familiar, por lo que el Estado debería preocuparse de generar políticas que favorezcan la vida en familia.

Eso no significa solo decir “los niños primero”, porque hay cosas que han sido derechamente mal implementadas, como generar espacios de seguridad física y emocional constante para ellos. Todos tenemos la misión de adaptar las políticas para considerar a los niños de una vez por todas como lo más valioso que tenemos en este país, porque así podremos tener personas con un desarrollo pleno, por ellas mismas y por sus pares. La educación emocional es un camino para la paz, porque logra asentar en la psiquis las bases de una personalidad empática y segura de sí misma”.

Con un ramo escolar de “orientación” por la mañana, no basta

“Cuando el espacio educativo dentro y fuera de la casa está concebido para que todos nos encontremos y escuchemos, no necesitas solo un ramo escolar para practicar el balance emocional, porque en todos los aspectos de la vida debes aprender a conocerte, a responsabilizarte de tus actos y a fortalecer tu voluntad. Para eso necesitas aprender todos los días a elegir y solucionar.

Tenemos que preparar a los niños a ser dueños de sí mismos, como si tuviesen un maestro interior construyéndolos y fortaleciéndolos. Son ellos mismos los que saben qué necesitan, pero para tomar el impulso y la decisión de luchar por ello, tenemos que preparar un ambiente desafiante de trabajo, que los ayudará a conectarse y a sanar. Para eso, el espacio de “tribu”, de comunidad pequeña, acompañante y personalizada, será el lugar más seguro.”